Merece la pena que en estos días de fiestas seamos capaces de reconocer el esfuerzo que muchas instituciones, entidades y ciudadanos realizan con actividades solidarias de todo tipo que buscan ayudar a los colectivos más desfavorecidos y a quienes sufren mayores necesidades. Esta Navidad ha habido una auténtica avalancha de acciones de todo tipo, un verdadero maratón solidario con campañas extraordinarias de recogida de alimentos, mercadillos solidarios, preparación de comidas de Navidad, eventos deportivos con fines solidarios, visitas de personajes famosos a hospitales y entrega de juguetes, etc.
Hemos de sentirnos orgullosos de que nuestra sociedad se movilice solidaria y altruistamente para que aquellos que están en una situación de necesidad económica y de pobreza puedan disfrutar dignamente de unas fiestas que precisamente por ser entrañables, también nos obligan a tener en cuenta a aquellos que sufren carencias, ya sea porque están enfermos, ya sea porque están privados de libertad, ya sea porque están en el paro y no tienen recursos económicos para sostener a sus familias.
Al margen del esfuerzo que hacen las administraciones públicas –y que debemos continuar exigiendo sin descanso– para ayudar a los colectivos en riesgo de exclusión social, la sociedad mallorquina está demostrando una vitalidad que muchas veces se obvia, cuando no se niega. Todas las acciones solidarias que estamos presenciando esta Navidad, puestas en marcha desde la sociedad civil, entidades vecinales, ONG, clubes deportivos, etc., deja claro que la ciudadanía es consciente de que muchos convecinos sufren y que no es justo dejarles solos ante su sufrimiento. Una sociedad solidaria como demuestra ser la sociedad mallorquina, es algo de lo que merece la pena estar orgullosos. Una sociedad que no agacha la cabeza y no mira hacia otro lado, sino que se moviliza en favor de los que menos tienen.



