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Urge un plan de acción contra las pintadas vandálicas

viernes 05 de julio de 2019, 00:03h

La lacra de las pintadas se extiende por Mallorca. Si bien es cierto que Palma es la gran perjudicada por esta práctica vandálica, cada vez son más comunes los garabatos y firmas a golpe de spray por otros municipios de la isla. Centros como el de Sóller, fincas en caminos rurales de Ses Salines y Campos o directamente rocas como las de Estellencs o Santanyí se han convertido en lienzos para individuos sin escrúpulos, obsesionados en dar rienda suelta a su ego y perpetuar su mal gusto en el espacio público.

Y todo ante una asombrosa pasividad de los políticos municipales que poco o nada hacen para erradicarlas y poco o nada entienden sobre la gravedad de estos hechos: una pintada ensucia, dos son una clara invitación a seguir degradando el paisaje urbano y continuar insultando a los ciudadanos cívicos, es decir, la inmensa mayoría.

El caso de Palma es el más sangrante. Basta darse un paseo por el centro para entender que la ciudad se ha convertido en un panel multicolor de garabatos, signos y dibujos simplones. No hay prácticamente una sola calle, plaza, fachada o muralla del centro sin pintarrajear y las del Eixample y extrarradio siguen el mismo camino. Duele a la vista y provoca rechazo.

La noble y perseverante campaña 'No més pintades vandàliques' de la Associació per a la Revitalització dels Centres Antics (ARCA) es un claro ejemplo de compromiso social. Desde el pasado mes de abril, la asociación comparte imágenes en sus redes sociales de pintadas en diferentes superficies, acompañadas de un breve texto y su ubicación. El objetivo es conseguir su erradicación y concienciar a toda la ciudadanía ya que se trata de un problema colectivo y en parte, un fracaso de todos.

No obstante, ha llegado el momento de las administraciones locales. Es urgente que los ayuntamientos, especialmente el de Palma, se pongan manos a la obra en la confección de un plan de choque. Sería recomendable que conformasen mesas técnicas interdepartamentales que radiografíen la situación, estudien acciones, distribuyan recursos, borren las pintadas y persigan a sus autores sin descanso.

Es urgente, además, lanzar un mensaje institucional claro y contundente. Todos (gobierno, oposición, asociaciones, patronales, sindicatos, trabajadores y residentes) deben avanzar de la mano. Una joya como Palma no puede permitirse ni un minuto más de espera: ya no vale mirar hacia otro lado porque ya no hay pared limpia que mirar.


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