Esto es todo, amigos. Finalizan las vacaciones para muchos. Me incluyo. Pero antes de dar carpetazo definitivo a este paréntesis de relajación, les invito a pensar en el próximo verano. En los que estarán y los que no estarán en primer plano de la actualidad.
No hace falta ser pitoniso para ya aventurar ahora que dentro de un año Mateu Isern no será ya alcalde de Palma. Se habrá bajado del tren antes de las próximas elecciones municipales. En su partido no le quieren. Y él ya ha colmado el vaso de agua.
El próximo verano arrancará con la constitución del Parlament, de los Consells y de los ayuntamientos. Todo apunta a que el panorama volverá a ser azul, pero menos azul que estos últimos cuatro años. Un verano azul, pero menos azul para el PP.
En el Parlament, por ejemplo, irrumpirá el morado de Podemos. Será un terremoto. Cambiarán los (des)equilibrios tradicionales en la Cámara. Ya le gustaría a José Ramón Bauzá que prosperara la reforma de la Ley Electoral de Rajoy, y más aún que dicha reforma se aplicara en las elecciones autonómicas de mayo. De todos modos, le vuelvo a ver de President. En los Ayuntamientos, con la reforma, pocos cambios. Ya verán.
Por lo demás, el próximo verano probablemente no estemos hablando aún de un Real Mallorca de Primera aunque seguro que hará mejor temporada que la anterior. En la sala noble, los malos seguirán siendo malos (¿se acuerdan de los hermanos Malasombra de la TVE1 en blanco y negro?), pero en minoría.
Todo esto son, como habrán descubierto enseguida, previsiones, posibles soluciones a ecuaciones, intuiciones y proyecciones. Llo que sí se puede decir hoy es que el próximo verano será menos azul porque volverá teñido de verde. Verde de "marea verde". Dentro de un año, el conflicto educativo seguirá siendo el conflicto educativo. Demasiada política y demasiado interés político obsesionado con el cerebro y la lengua de nuestros hijos.




