Estas últimas horas de situación climatológica verdaderamente complicada en Balears, principalmente en Mallorca y las Pitiüses, han puesto a prueba a los servicios de emergencia y protección civil, que han actuado de forma coordinada y eficiente, como se espera de profesionales de gran valía y abnegada labor. Afortunadamente, y pese a las fuertes rachas de viento registradas y las precipitaciones abundantes y de gran intensidad, no ha habido que lamentar daños personales. Esencialmente las afectaciones se han limitado a bienes materiales, como inmuebles inundados, árboles caídos y vehículos arrastrados por la fuerza de las aguas.
La alerta especial lanzada el jueves desde la Agencia Española de Meteorología para toda el área mediterránea, permitió que los servicios de emergencia estuviesen prevenidos y la población en general, alertada. Que coincidiese en fin de semana, atenuó los efectos del temporal, ya que los niños y niñas no fueron a la escuela y mucha gente no tuvo que acudir a su trabajo. Sin embargo, el lunes volvió a mostrar lo difícil que es mantener la normalidad en situaciones como la vivida, donde en un solo día cae el doble de agua que en todo un mes de diciembre normal. De ahí que haya habido que suspender la actividad escolar en buena parte de Mallorca y especialmente en los municipios de la Serra de Tramuntana.
Si algún reproche cabe hacer a las autoridades competentes es quizás que la suspensión de las clases no se decretase el domingo, cuando ya todo hacía prever que la jornada del lunes no podría desarrollarse normalmente. De hecho, desde los centros escolares se ha tenido que dar aviso a los padres para que más de 5.800 alumnos fuera recogidos y llevados a sus casas. En todo caso este detalle no empaña el esfuerzo llevado a cabo para evitar males mayores en una situación excepcional que incluso ha dejado incomunicadas durante algunas horas poblaciones tan importantes como Campos y ha obligado a cortar siete carreteras.





