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Sánchez, en el laberinto

lunes 11 de noviembre de 2019, 15:24h

El resultado electoral de este 10N no despeja el panorama para conseguir que la nueva legislatura se desarrolle con la estabilidad que el país necesita. Más bien al contrario, el candidato socialista y ganador de las elecciones, Pedro Sánchez, parece intrincarse en un laberinto mayor a la hora de buscar mayorías que aseguren no sólo su investidura sino las posibilidades de gobernar sin sobresaltos durante los próximos cuatro años.

El PSOE gana, pero se deja tres diputados respecto a las elecciones de abril y pierde el margen de maniobra que esperaba alcanzar; su socio preferente, Podemos, retrocede siete escaños, y la alternativa que tenía por la derecha, Ciudadanos, se ha hundido tras perder más del 60 por ciento de los votos y colapsar hasta el punto de propiciar la dimisión de su líder, Albert Rivera. Tras gastar 140 milones de euros en unas nuevas elecciones, el 10N no ha solucionado la parálisis política que afecta a España desde los anteriores comicios.

El importante ascenso de la derecha populista de Vox y el repunte de las opciones independentistas -con el estreno de las CUP en la Cámara baja- hallan hueco entre los titulares que arroja la noche electoral, pero apenas sirven para determinar futuras mayorías estables. Sobre el papel, ninguno de los bloques suma para afianzar una investidura y un posterior gobierno.

El Partido Popular, que ha sumado 22 escaños nuevos, tendrá difícil facilitar una investidura de Sánchez si ello le supone dejar vía libre para que crezca quien ocupa su flanco derecho. Un resultado más exiguo de Vox podría haber propiciado esta opción, pero con los 52 diputados obtenidos por los de Abascal, el PP no puede permitirse el lujo de aparecer como el 'cooperador necesario' que afianzó a Sánchez en la Moncloa.

A Sánchez le queda la opción de repetir la mayoría de la moción de censura, incluyendo a los independentistas, o rizar el rizo en una inédita alternativa que incluya a Ciudadanos -ahora, en tránsito- junto a Podemos y regionalistas. Las próximas semanas se anuncian intensas. Antes de la constitución de Las Cortes, el próximo 3 de diciembre, ya se deberían vislumbrar las opciones elegidas; no en vano para esa fecha ya deberán haberse producido acuerdos, al menos, por lo que a la formación de la Mesa del Congreso de refiere.

Si no hay avance, la última frontera es la renuncia de los protagonistas. Un paso atrás de aquellos que no consigan desbloquear la situación, dejando el testigo a otros representantes de sus mismas formaciones. Porque otras elecciones no son alternativa.


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