Hoy cumples 17 años, Nils. Lo escribo así, en presente, porque hay fechas que uno se niega a dejar en pasado. Han pasado casi cinco años desde aquel domingo maldito de agosto de 2021 en Portinatx, y el dolor, lejos de suavizarse, algunos días aprieta igual que el primero.
Hoy es uno de esos días. Hoy vuelve todo: aquel niño de doce años, hándicap 12,4, top ten alevín de España, que recorría los campos de Baleares con una sonrisa que le desbordaba la cara y un swing que ya anunciaba mucho más de lo que llegaste a ser aquí abajo, y que seguro que en el cielo ya eres.
Quienes te vimos jugar hablábamos siempre de lo mismo: no solo del talento, que lo tenías y de sobra, sino de algo que no se enseña en ninguna academia. Esa seguridad y esa clase infinita de la que ya hablé hace unos años. Esa bondad que desarmaba a técnicos y a rivales por igual. Tú no competías, Nils: iluminabas el campo por el que pasabas, igual que Seve Ballesteros o Celia Barquín.
Y mientras tanto, Claire y Diego siguen aquí, sosteniendo cada mañana un vacío que no hay abrazo, ni año, ni palabra que consiga llenar. Los he visto sostenerlo con una entereza que a veces no sé de dónde sacan, convirtiendo cada gesto cotidiano — levantarse, sonreír, competir, cumplir retos o simplemente seguir adelante— en un homenaje callado a ti.
Se quieren y te quieren con locura. Por ello no hablan de su dolor a gritos. Lo llevan por dentro, como se lleva lo que más se quiere, y cada día es una manera más de decirte que sigues siendo su hijo, que te quieren infinito, que sigues siendo su razón de ser, que eres su pequeño héroe, aunque ya no puedan abrazarte más que cerrando los ojos.
Quizás lo único que necesitan hoy es saber lo orgulloso que estás tú de ellos, de su entereza y de ese homenaje que no cesa. Que sois un trío invencible.
He vuelto a mirar la video-entrevista que os hice en plena pandemia, vosotros en vuestro sofá de vuestra casa en Ibiza, yo en mi mesa de trabajo de Palma, esas preguntas maduras que desarmaron a tu papi y esas respuestas de eagle.
He llorado recordando ese momento, esa llamada, ese vídeo.
Aquel olivo que se plantó en el hoyo 1 del Golf Ibiza Club sigue en pie, con sus corazones y su placa con tu nombre. Pero tu huella ya no cabe en un solo árbol: se ha ido de isla en isla, y hoy está presente cada vez que un niño o una niña de Mallorca, de Menorca o de Ibiza coge por primera vez un palo de golf. En cada uno de esos primeros swings torpes e ilusionados, en cada campo balear, hay un poco de ti enseñando sin que nadie te vea. Eres su guía.
Me gusta pensar que allí donde estés no has dejado de jugar. Que hay un campo, en un lugar que no alcanzamos a ver desde aquí, donde compartes partida con Seve Ballesteros, ese genio cántabro que también se fue demasiado pronto, y con Celia Barquín, aquella joven golfista cuya sonrisa el mundo del golf tampoco ha olvidado ni olvidará jamás. Os imagino a los tres, con esa clase infinita que algunos traéis de fábrica y esa personalidad única e intransferible, riendo entre hoyo y hoyo, sin prisa, con todo el tiempo del cielo por delante.
Espero que hayas conocido allí a mis padres, que tanta falta me hacen. Solo pensar que saben que me siento orgulloso de ellos, y que ellos quieren que siga adelante con los principios que me inculcaron, me ha ayudado a sobrellevar estos dos últimos años. Ahora sí, estoy preparado, y espero, sobre todo, cumplir con el compromiso asumido tal día como hoy, con los tuyos y con los de Celia, en la casa de Seve en Pedreña. Preparado y esperando no decepcionar, ni decepcionarte a ti.
Hoy no toca hablar de resultados ni de hándicaps, aunque los tuyos fueran ya, a esa edad, motivo de orgullo para cuantos tuvimos la suerte de verte jugar. Hoy toca solo decir lo que de verdad importa: feliz cumpleaños, Nils. Diecisiete años que no pudiste soplar aquí, pero que de alguna manera sigues cumpliendo entre nosotros, en cada abrazo que Claire y Diego se dan sabiendo que falta el tuyo, en cada niño balear que empieza a jugar a este deporte que tanto amaste. Todos y todas te queremos hasta el infinito y más allá.
No dejes de guiarnos nunca.
Gracias, Nils.





