Resulta realmente sorprendente la evolución de este país en pocos años. Ayer se cumplían cuarenta y cuatro años de lo que se vino en llamar el espíritu del 12 de febrero.
En la España del blanco y negro el fiscal Carlos Arias Navarro (el carnicerito de Málaga), a la sazón Presidente del Gobierno pronunció un discurso esperanzador en el que se anunciaba la promulgación de una ley de asociaciones políticas; se dejó claro que entre dichas asociaciones no cabía el comunismo y que la democracia sería limitada y vigilada.
Ese halo de ilusión duró lo que duran dos hielos en un whisky on the rocks pues el 1 de marzo era ejecutado mediante garrote vil Salvador Puig Antich. Los síntomas de apertura de la dictadura cesaron de inmediato y España tuvo que esperar la Ley para la reforma política para la aparición de partidos políticos tres años después.
Los párrafos que preceden, que parecen batallitas de señor mayor son los orígenes, entre otros muchos, de la más larga etapa de paz democrática que hemos tenido. Arias no era un aperturista, muy al contrario, era un hombre represor que intentaba mantenerse en un puesto que le venía evidentemente grande. La sociedad si vio con ilusión ese brote de apertura hacia la democracia que no pudo ser plena hasta la muerte del dictador y tras muchos riesgos y asonadas militares.
Esto viene a colación, no sólo por la fecha, sino por la alegría con la que se critica la labor hecha en la transición; los intervinientes en la misma sabían cual era el destino, la meta, el objetivo final, a diferencia de los de ahora que lo único que pretenden es alcanzar el poder para perpetuarse en él.
Hemos perdido calidad intelectual y humana, demasiados de los políticos actuales son personas con una escasa formación cultural y humanística que en muchos casos buscan un salario que no obtendrían en el sector privado o en su plaza de funcionario; si bien, en honor a la verdad, siguen existiendo los llamados políticos de raza, esos que mantienen la vocación de servicio a la sociedad y que con su aportación pretenden mejorarla; inocentemente creo que son los que más numerosos, los que mantienen esa vocación, lo que pasa es siempre se habla de los otros. Necesitamos un nuevo espíritu que nos ilusione y nos haga crecer como nación, como lo fue ese efímero de 12 de febrero. Que pasen un buen día.



