Miren ustedes: un país en el que el mismo día, mientras por la mañana un gobierno (el de Zapatero, del PSOE) acuerda quitar las ayudas de 426 euros a los desempleados que han perdido el paro, al mediodía otros gobiernos (en nuestro caso el de Antich, también del PSOE) deciden 'reponer' ese dinero mediante ayudas como contratos públicos, es un país muerto. La decisión de Zapatero es impresentable, insensible, indigna de quien se proclama defensor de las políticas sociales. Pero, mucho más grave aún que ello es que un país no pueda tomar decisiones, porque la vía de agua que tapa por un lado se la abren sus amigos por otro; más serio es que aquí nadie pueda adoptar un acuerdo de gasto, justo o injusto, porque como no tenemos control de lo que hacemos, como todo el mundo mete la mano en el cajón, siempre hay que te desdice. Lo más dramático del anuncio de ayer no es que sea injusto, que lo es, sino que en Baleares, por lo pronto, vamos a seguir gastando lo mismo, sólo que con cargo a otra partida, al final también contra la deuda que sigue creciendo. El dato crítico que define a este país es que no sea capaz de tomar decisiones, no sea capaz de poner rumbo porque cuando uno dice "toda máquina a estribor", el otro grita "paren motores" y un tercero exige "a babor". Este es el verdadero cáncer de España.





