El paro en noviembre se incrementó en ocho mil personas en las Baleares. Si ustedes ven la noticia, pensarán que estamos ante un dato relevante, importante, de calado. De hecho, hoy estas cifras van a ser empleadas por la oposición para desgastar al Gobierno Antich, como si esto fuera aún posible. Sin embargo, en mi opinión, esta noticia no es importante: todos los años, el primero de noviembre cierran los hoteles y, por ende, siempre tenemos un fuerte aumento del paro. Este año también. Y el que viene y el otro. Por lo tanto, era algo tan previsible como que en abril bajen las listas del Inem o del Soib. Nada nuevo. Nada noticiable. ¿Dónde está lo grave, lo sorprendente, lo llamativo? En que Baleares tiene hoy 92 mil parados reconocidos, de alta en las oficinas de empleo; en que hay una cifra adicional de personas sin empleo que está camuflada en otros conceptos y que hacen que podamos hablar de cien mil personas que podrían trabajar y no lo hacen. Lo grave es que nunca en nuestra historia habíamos llegado a esta cifra. Lo alarmante es que esto nos ocurre, como muy bien decían algunos portavoces del Govern, con una economía tan vinculada a Alemania y Gran Bretaña, países que sí están creciendo a un ritmo entre el 1.5 y 2.5 por ciento anual. Lo relevante es que los que llevan el timón de la economía nos anunciaron decenas de veces que estábamos ante el final de la destrucción de empleo, nos dijeron que había brotes verdes que presentaban buena salud y que se estaba produciendo un cambio de tendencia. Como quiera que eso no parece que suceda, los ciudadanos tienen el deber de sospechar de la capacidad de liderazgo que tienen nuestros gobernantes y, por lo tanto, ahora no les creemos en sus nuevos anuncios. Lo destacable es que llevamos ya tres años estancados y nada apunta a que el 2011 vaya a ser mucho mejor. Incluso, hoy por hoy nos deberíamos conformar con que no sea peor.
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