El president Antich mostraba su indignación por el voto en contra del PP a la ley de igualdad. Antich sostiene que el PP ha mostrado su cara más dura, la más “derechota”, para no apoyar la ley de igualdad. La consellera Josefina Santiago considera que es una vergüenza que se rechace esta ley, una opinión muy respetable pero que indica la superioridad ética y moral con la que actúa la izquierda. La situación es mucho más simple y clara. El Govern envía una ley al Parlament, que empieza a tramitarse. Los grupos parlamentarios tienen la oportunidad de presentar enmiendas y plantear propuestas. Al final, la ley llega al pleno del Parlament para someterla a votación. Ahí es dónde hay que demostrar cintura política. El Govern, que está en minoría desde hace más de un año, no puede pretender imponer su voluntad en las votaciones y además acusar a Bauzá de obstaculizar la tramitación por intereses partidistas. Si el PP tiene mayoría, las leyes pueden ser rechazadas, pero parece que Antich quiere imponer su voluntad en la Cámara. El líder socialista incumple la ley al no presentar los presupuestos en el Parlament, pero exige al PP que apoye la ley de dependencia casi por decreto. En estos casos, Antich y sus consellers tienen que hacer esfuerzos y renuncias para que salga la ley, pero debe salir más rentable políticamente quejarse ante la opinión pública. Lo que sorprende por parte del Govern es que cada vez que pierden una votación haya que recurrir a conceptos obsoletos como “derechota” y calificativos similares. Antich se ha despedido en el Parlament, pero lo ha hecho con derrota, pero lo lamentable es que ha demostrado que no sabe perder.



