“No tengo pareja”. “Estoy aquí, solo”. “Si tú quieres...”. Antich no deja de sugerir su interés amoroso por Unió Mallorquina. Ayer se repitió. UM había contado en la prensa que va a portarse bien y eso ya le sirvió a Antich para volver a ponerse a tiro, para volver a dejar caer su pañuelo al paso de los nacionalistas (aceptemos que este es un calificativo que se les puede aplicar). ¿Qué le aporta a Antich este cortejo? Más bien poco. Sus votantes no quieren ni oír hablar de UM ni de sus técnicas; el electorado de Antich sólo aceptaría este acuerdo si, en caso contrario, el PP fuera a gobernar. Pero, a priori, odian a UM. Hasta los altos cargos del Govern atacan a UM sin piedad. Por lo tanto, en su casa, Antich sólo puede perder con este exhibicionismo. ¿Y ante Melià y los suyos? UM en estos momentos no sabe qué va a ser de ella. No tiene liderazgo, no tiene dinero (siempre se financió del erario público) y no tiene militantes, ni siquiera argentinos, porque tampoco tiene ideología. Era un partido nacido en torno a la tesorería pública. Por lo tanto, ahora no sabe qué sucederá. ¿Le interesa el cortejo del PSOE? Naturalmente, les da aire, aunque no votos. Sin embargo, ni mejora ni empeora las posibilidades de un acuerdo post-electoral entre socialistas y nacionalistas. Cuando se sepa si esa negociación es necesaria, como ha sucedido siempre, UM se venderá al mejor postor. Por lo tanto, Antich debería ser un poco más discreto. Nos tendría que contar que aspira a la mayoría absoluta -como, sin pestañear, nos ha dicho Melià-; que después de las elecciones, si fuera menester, ya vería con quién se alía, y así contentar a su parroquia. La ceremonia actual es seguir el juego al PP: como Bauzà está callado, Antich ocupa el espacio, pero para reconocer que no tiene clara la mayoría, que si tuviera que volver con UM lo haría y que, por lo tanto, todo lo de la corrupción es una pose que importa mientras no ponga en riesgo el poder.





