Es posible que estemos viviendo ahora uno de esos momentos que, con el paso de los años, identificaremos como definitorios de una época. Quería escribir sobre la IA, pero lo veo tan grande, con tantas implicaciones, sucediendo a tal velocidad, que solo me atrevo a esbozar algunas ideas sobre los cambios que percibo en mi trabajo y a mi alrededor. Llevo usándola más de un año. Los cambios de estos últimos cuatro meses han sido muy notables. Una versión de pago me permite, calculo, hacer el trabajo de cuatro o cinco personas. Algunas lecciones: es imprescindible un conocimiento profundo sobre la materia que confronte con el resultado de salida de la IA. Es decir, tienes que saber mucho, tienes que saber la respuesta, tienes que entender los fundamentos de la respuesta. En mi caso son más de veinte años de ejercicio profesional especializado en un área de práctica muy concreta. Hago trabajar a la IA con toda mi documentación, mis escritos, le indico donde debe buscar, qué fuentes debe de utilizar. Y los resultados son sorprendentes. Este conocimiento experto sobre la materia te permite detectar los deslices o tendencias de la máquina. En ocasiones yerra claramente. Otras veces es más sutil y adopta posturas maximalistas. También puede inventarse cosas. Segunda lección: tengo que revisarlo todo, cada resultado. Manejo mucha más información y a veces tengo la sensación de un nuevo tipo de cansancio. Múltiples frentes abiertos, todo a la vez en todas partes. Mi trabajo ahora consiste en revisar y dirigir. Estoy como amplificado, con poderes. Pero sé que no son los míos. Me he descubierto, ante un problema o tarea, pensando de qué manera he de utilizar mi nueva herramienta para encontrar la solución. Creando procesos, flujos de entrada para un determinado flujo de salida. Tercera lección: estoy empezando a cambiar mi forma de pensar, la forma en que abordo un problema. Solo la uso para trabajar.
Me pregunto si alguien volverá a escribir algo, como estoy haciendo ahora. Quiero pensar que habrá ámbitos en que sí, que necesariamente continuarán como hasta ahora. ¿Qué sentido tendría una novela escrita por una IA? ¿Y un poema? ¿Y un artículo de opinión? Se multiplicarán los contenidos sintéticos. A más contenido, más ruido, más dificultad para localizar la información relevante. Y veo problemas muy evidentes, muy próximos. Los que empiezan ahora lo tienen mal. Muy mal. Si arriba hablaba de la necesidad de conocimiento experto para utilizar bien la IA, alguien que empieza a trabajar está en clara situación de inferioridad respecto de la herramienta. Todos estos años de trabajo, de experiencia sin IA, nos han dado una gran ventaja a los que ya estábamos. La deuda cognitiva implica que cada vez que utilizo la IA delego en la máquina la posibilidad de aprender, de entrenar de nuevo, de revisitar. Imagínense la deuda cognitiva que puede tener un profesional con veinte años de práctica cuando le pide a la IA que haga lo suyo. Muy baja. ¿Cuál es la deuda cognitiva de alguien que empieza, de alguien que no sabe? Altísima. No sólo no podrá confrontar con cierto criterio el resultado de salida, es que dejará de aprender, dejará de esforzarse, será menos. Entiendo que tendremos que modular extraordinariamente el uso de IA en procesos educativos para evitar esta tendencia. Estamos viendo despidos en el sector de la programación. Habrá más y en otros ámbitos. Es un momento peligroso, también habrá muchas oportunidades. No quiero ser pesimista, es obvio que la IA tiene muchas aplicaciones, importantes utilidades. Pero hay un riesgo evidente de fractura social en forma de concentración de poder y manipulación. Se me vienen a la cabeza estos versos de Hölderlin: “Cerca está el Dios, y difícil de asir. Pero donde hay peligro, crece también lo que nos salva." Quizás no estemos tan lejos del espíritu del tiempo que le inspiró.





