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Armengol negará tres veces a Sánchez

Por Pep Ignasi Aguiló
martes 21 de junio de 2022, 06:00h

Antes que el gallo cante, en verdad te digo, Armengol negará tres veces a Sánchez. Aunque lógicamente de momento la inquera, con contundencia, asegurará: “jamás te negaré”.

La política de ficción y confrontación de Sánchez acaba de ser rechazada por la comunidad autónoma más relevante para el Partido Socialista. Allí han gobernado durante casi cuatro décadas de forma ininterrumpida tejiendo una red clientelar de dimensiones similares a las de los nacionalismos. Así que todo hacía pensar que tras la carambola de hace cuatro años por la cual Moreno Bonilla alcanzó la presidencia, las aguas volverían a su cauce. Y, sin embargo, lejos de haber ocurrido esto el PP obtiene una victoria arrolladora. ¿Qué es lo que ha pasado?

Se suele decir que una de las máximas más fundamentales de la supervivencia política consiste en arriesgar lo mínimo. Es decir, no tomar nunca decisiones que puedan ser percibidas como cambios radicales que puedan generar ansiedad a potenciales electores. En este sentido, el presidente andaluz se ha revelado como un político de raza. Sánchez, por su parte, lo intentó durante los primeros momentos de su mandato, pero su personalidad arrogante unida al potente aparato propagandístico que le acompaña junto a sus socios le han llevado a tomar decisiones cortoplacistas y populistas que ahora, pasado el tiempo, se vuelven en su contra.

La mala marcha de la economía es, en gran medida, responsable de su mal gobierno, aunque desde los medios afines intenten responsabilizar al PP, a Putin o a Manolete. Su política de trilerismo, y de gasto y más gasto, acompañada de un discurso que sólo le compran los economistas a sueldo está en la base de su desgaste. Dicho en otras palabras, el no hacer las cosas mínimamente bien en materia económica, aunque pueda parecer lo contrario, es arriesgar, puesto que al final los malos resultados resultan difíciles de esconder. Hasta el resiste, y también populista, Franco se dio cuenta de esto, cuando en 1959 a regañadientes aceptó un programa reformista que le disgustaba.

Francina Armengol lleva casi dos legislaturas gobernando sin ni tan siquiera acaparar protagonismo mediático. Ha dejado que sean algunos de sus consellers los que protagonicen muchas de las portadas y telediarios. Las promesas dirigidas a su parroquia siempre han sido suficientemente ambiguas, o han quedado postergadas para próximas legislaturas. De hecho, dentro de un tiempo, de su paso por el Consulat de Mar apenas se recordará casi nada, más allá de las leyes que intentan imponer obligaciones a sus sucesores.

Nuestra presidenta fue sanchista cuando éste se alzó con el poder, lo dejó de ser cuando fue expulsado de la silla curul por los patricios de su partido, y volvió a elevarlo a los altares nuevamente cuando, tras resistir, recobró las estrellas de cinco puntas. En ningún momento hizo una apuesta arriesgada por su amado jefe. Y es que Francina conoce mucho mejor que el propio Sánchez el manual de resistencia y supervivencia.

Hoy lunes, el resultado de las elecciones andaluzas, además de un triunfo para el PP de Moreno y Feijó, supone el hundimiento de la cotización de un Sánchez, cuyas únicas alternativas de resistencia son continuar con una huida hacia adelante al estilo Zapatero o virar para intentar iniciar una senda de mayor ortodoxia económica traicionando a sus peligrosas amistades radicales. Ambas alternativas, sin duda, son arriesgadas.

Por todo ello, el manual de resistencia de Armengol tiene escrito que, a partir de hoy, debe marcar distancias con el actual inquilino de la Moncloa. Eso sí, ¡Hay que hacerlo sin arriesgar! Así, podemos esperar verla realizar alguna queja sobre la financiación autonómica o algo así, que suponga una primera señal de su desmarcaje con respecto su líder. Será su primera negación de Sánchez.

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