La crisis migratoria ha marcado 2025 en Baleares como uno de los principales desafíos políticos, sociales y humanitarios del archipiélago. Al cierre del año, las Islas han contabilizado 7.406 personas llegadas en pateras, la cifra más alta registrada hasta la fecha y la confirmación de que la ruta entre el norte de África y Baleares ha dejado de ser coyuntural para convertirse en un fenómeno estructural.
El dato supone un nuevo máximo histórico y consolida una tendencia claramente ascendente iniciada en 2023, intensificada en 2024 y definitivamente disparada en 2025, en contraste con la evolución de otras rutas migratorias hacia España, donde las llegadas han mostrado signos de contención, como es el caso de Canarias.
El crecimiento de las llegadas en patera a Baleares ha sido progresivo pero muy acusado en los últimos tres años. Tras un 2023 que ya anticipó un cambio de escenario, 2024 supuso un salto cuantitativo que tensionó por primera vez de forma clara los recursos de acogida. Sin embargo, ha sido 2025 el año que ha terminado de desbordar cualquier previsión.
| Año | Migrantes llegados | Variación interanual |
|---|---|---|
| 2023 | 2.278 | |
| 2024 | 5.882 | +158% |
| 2025 | 7.406 | +25,9% |
El incremento de 1.524 personas más que en 2024 refuerza la percepción de que Baleares se ha consolidado como una alternativa real a otras rutas más vigiladas del Mediterráneo, especialmente durante los meses de primavera y verano, cuando las condiciones marítimas facilitan las travesías.
La mayoría de las embarcaciones interceptadas en 2025 partieron desde las costas de Argelia, un patrón que se ha repetido con claridad y que ha sido destacado en los análisis realizados por Frontex, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas.
Los informes europeos sitúan la ruta del Mediterráneo occidental como una de las pocas que crecen en la UE, en un contexto general de descenso en otras zonas. Las mafias habrían desplazado parte de su actividad hacia Baleares ante una percepción de menor presión policial y una vigilancia marítima menos intensiva que en otros corredores tradicionales.
Este diagnóstico ha tenido un impacto directo en el debate político balear y ha reforzado las peticiones de una mayor implicación europea.
Uno de los elementos diferenciales de 2025 ha sido la irrupción de Frontex en el debate público balear. Aunque la agencia no tiene competencias plenas sobre el despliegue en aguas españolas sin solicitud estatal, su análisis ha servido como respaldo técnico a las reclamaciones del Govern.
Desde el Ejecutivo autonómico se ha insistido en la necesidad de reforzar la vigilancia marítima en el Mediterráneo occidental, incrementar la coordinación internacional y dotar a Baleares de más recursos materiales y humanos ante una presión que ya no es puntual.
La referencia a Frontex ha elevado el conflicto del plano autonómico al escenario europeo, situando a Baleares dentro del mapa de las grandes rutas migratorias del sur de Europa.
La presión migratoria ha tenido un impacto directo sobre los servicios de acogida, especialmente en el caso de menores migrantes no acompañados, cuya atención depende en gran medida de los recursos autonómicos.
El Govern ha advertido de forma reiterada que la capacidad de los centros está prácticamente agotada, y ha reclamado al Gobierno central una redistribución más equilibrada y una financiación acorde al volumen real de llegadas. Estas demandas han ido acompañadas de tensiones políticas, con cruces de reproches entre administraciones sobre competencias, responsabilidades y respuestas.
El episodio que simboliza con mayor crudeza la crisis migratoria de este año se produjo en agosto de 2025, cuando una patera naufragó en aguas próximas a Porto Petro, en Mallorca.
La intervención de los servicios de emergencia permitió rescatar a varios supervivientes, pero el balance fue devastador: al menos una persona fallecida, varios heridos y migrantes desaparecidos, tras una travesía extremadamente larga y peligrosa. Este suceso reflejó que, más allá de las cifras, la crisis migratoria sigue teniendo un coste humano elevado, que se traduce en muertes, desapariciones y situaciones límite.
A lo largo de 2025, la llegada constante de pateras ha generado un intenso debate social en Baleares. Mientras algunas instituciones y ONG han insistido en la necesidad de una respuesta humanitaria coordinada, sectores políticos y vecinales han expresado preocupación por la capacidad real del archipiélago para absorber el flujo migratorio.
El fenómeno ha pasado de ocupar espacios puntuales en la agenda informativa a convertirse en una cuestión estructural, con presencia constante en el discurso político, los plenos institucionales y la opinión pública.
Baleares despide 2025 con 7.406 migrantes llegados en patera, un récord que marca un antes y un después. Las Islas han dejado de ser una ruta secundaria para convertirse en un corredor activo, con consecuencias directas sobre los servicios públicos, la política autonómica y el debate europeo.
El aumento sostenido de llegadas, la implicación de Frontex, la saturación del sistema de acogida y tragedias como la de Porto Petro configuran un escenario complejo que, lejos de resolverse, apunta a prolongarse en los próximos años.
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