Catalunya ha entrado de lleno en la espiral que busca la independencia y la confrontación directa con Madrid. Es muy pronto para siquiera intuir como acabará este duro pleito. Sin duda quedan once meses de una tensión indescriptible hasta la teórica fecha en que podría celebrarse el referéndum, el próximo 9 de noviembre, veinticinco aniversario de la caída del Muro de Berlín. Es seguro que el Gobierno Central y el Tribunal Constitucional declararán ilegal esta consulta. Pero lo que no pueden evitar es una convocatoria de elecciones anticipadas en Cataluña para esta fecha y que algunos partidos vayan a las urnas anunciando que, si ganan, proclamarán unilateralmente la independencia. Este es el vertiginoso panorama que queda por delante.
Y la pregunta se impone: ¿Qué pueden hacer las Baleares en estas horas tan difíciles? De momento, sólo hay declaraciones oficiales. El Consolat ya ha dicho que el referéndum no puede ni debe celebrarse, en concordancia con lo manifestado por Moncloa.
Pero tal vez los isleños, tan catalanoparlantes como los del Principado, y tan bilingües como ellos, tal vez podrían, con valentía, decisión y criterio propio, hacer mucho por recomponer los puentes que en estos momentos están completamente rotos entre los gobiernos de Madrid y Barcelona. Es indiscutible que el entendimiento entre las dos grandes capitales del Estado ha brillado por su ausencia en numerosas ocasiones a lo largo de siglos. Por tanto es muy importante que otros, con personalidad propia y capaces de entenderse con ambos, sean capaces de asumir este papel mediador. ¿Y quienes si no los baleares están en mejor disposición para hacer suyo este reto?
Baleares no se plantea la autodeterminación. Tampoco ha aspirado jamás a mantener un pulso de hegemonía política y económica con Madrid. Pero es comunidad periférica que sabe lo que es padecer déficit fiscal. Es capaz de entender y lidiar con madrileños y con catalanes. Entiende a ambas partes. Puede hablar el mismo lenguaje de ambos y, a la par, tiene la sabiduría suficiente para enhebrar acuerdos donde ahora hay ruptura total y absoluta, cada vez más irreconciliable.
Y esta oportunidad vale no sólo para el PP Balear, sino también para el PSIB. La secretaria general socialista, Francina Armengol, ya ha dicho que no quiere fronteras entre Baleares y Catalunya. Es un posicionamiento inteligente de visión de Estado desde una óptica federalista.
Desde otra perspectiva pero compartiendo la misma preocupación, sería muy importante que el presidente Bauzá también exhibiese una visión propia del problema y exigiese el hoy por hoy importantísimo papel de mediador.
Es el corresponde a los dirigentes baleares, que sin duda serán más escuchados que el diálogo de besugos que preside las relaciones Madrid-Generealitat. También haría ganar peso a Baleares en el conjunto del Estado. Un peso también muy importante para el Archipiélago, que durante siglos ha permanecido en el furgón de cola de las grandes decisiones de Estado.
Esta vez no. Esta vez los isleños han de exigir su puesto en primera línea para poner paz y entendimiento donde ahora sólo existe crispación y ruptura.




