El Elche había empezado bien y cayó por debajo de sus expectativas a partir de su empate en el Martínez Valero con el Atlético Baleares. Aquel día mostró una fragilidad defensiva impropia de un aspirante ya no a disputar el play off, sino al ascenso. La gota que colmó el vaso fue su derrota ente el Formentera, lo que movió a sus dirigentes a prescindir de su entrenador, Vicente Mir, cuestión ante la que su colega del Mallorca mostró sorpresa; a mi, ninguna. El fútbol no es así, pero funciona así.
En otras circunstancias la cita de ambos equipos en Son Moix revestiría un mayor interés. Ahora los locales pueden afrontar el lance sin la menor ansiedad dada la diferencia de puntos que les separa, mientras que la eventual derrota datilera dejaría sin efecto el relevo en su banquillo y afectaría a la doble noticia de la estabilidad socio económica del club cuyo nuevo convenio con Hacienda coincide con el interés despertado en nuevos inversores.
Hablando de entrenadores y banquillos, Armando de la Morena busca en Ontinyent un nuevo aplazamiento de su condena o quizás incluso su indulto. El azar le ha liberado de tener que tomar decisiones respecto a Xisco Hernández, que es y era el menor de sus problemas. El Clariano no es un campo fácil, aunque desde luego su propietario no es el Milan de Sachi.Marca pocos goles aunque tampoco encaja demasiados y, eso si, parece haber mejorado un poco como local desde hace unas semanas. Un enemigo caracterizado para calibrar la altura a la que deben poner los blanquiazules su propio listón, porque el tiempo aun no apremia, pero tampoco es cosa de perderlo.





