Después de asistir a la demostración de que, en efecto, del odio al amor solo hay un paso, interpretada por Maheta Molango y Jaume Colombás, el hijo de Pere, uno se queda tranquilo tras conocer que el Mallorca no cambiará de “speaker” en Son Moix los días de partido, no fuera a ser que el acuerdo alcanzara algún entrenamiento o las pruebas de sonido con el estadio vacío. El suceso que ha ocupado amplios caracteres en los medios de comunicación, inundado las redes sociales y removido los mismísimos cimientos del mallorquinismo, ha trascendido su simbología para convertirse en noticia de primer orden. De ahora en adelante habrá que prestar más atención al fichaje de un locutor, con todos los que hay que ejercerían dicha función sin pedir nada a cambio, que al de un delantero centro goleador.
Lo realmente trascendental de esta explosión provinciana reside, en cambio, en los único que nadie comenta: la mentira. Una más, claro. Porque mientras el director financiero explicaba al interesado las razones económicas que impulsaban su despido antes del portazo posterior, el consejero delegado filtraba a los informadores su descontento por la falta de control que el cesado daba de lado sobre los “supporters” a quienes se suponía debía mantener sin quitar el bozal debido a comportamientos presuntamente impropios en el desplazamiento a Formentera o incluso la aparición de un bate de béisbol en los aledaños de Son Malferit antes o después del partido contra el Atlético Baleares. Vamos que al chico ni se había enterado de que la propia policía investigaba determinados incidentes.
En conclusión, ser vocero y disc jockey en la cabina del multiusos no está reñido con la dejadez, pero como trabajador con nómina del club es inadmisible. En realidad lo que se impone es una reflexión profunda acerca de qué o quiénes son realmente noticia hoy día en el fútbol y los medios.





