Mientras Mariano Rajoy asegura haber entendido perfectamente el significado del “NO” hasta sus últimas consecuencias, Maheta Molango sigue sin entender la indiferencia que el proyecto Robert Sarver ,que él representa, genera en la sociedad mallorquina. Y la explicación es mucho más sencilla que la que puede dar el líder socialista Pedro Sánchez porque el mallorquinismo sólo pide la verdad, está hasta el gorro de verdades a medias, soflamas plagadas de tópicos, engaños manifiestos e incluso más de una mentira.
Lamentablemente el consejero delegado del Mallorca no mejora el virus de la mediocridad que afecta a la clase dirigente de muchos sectores, tanto la política como el deporte y los propios medios de comunicación, para encadenarse a su penosa verborrea. Todavía no se ha apagado el eco de su oda en honor de Adrián Colunga, sus cantos de alabanza por el compromiso del jugador y su confianza ciega en que iba a ser el delantero centro que el equipo necesita. Antes de alcanzar la tercera jornada del campeonato, las palabras se las ha llevado el viento que ha conducido al apenas renacido profesional a una isla diferente a la nuestra: Chipre. Primera conclusión: las opiniones del abogado suizo reconvertido en gerente deportivo, no valen un pimiento.
Coincido con el recién salido en su valoración de los técnicos de la casa. Algunos de los seguidores de este “Cristal” habrán leído antes que si a Gálvez y Alfonso les hubieran dado la mitad de los refuerzos que le compraron a Fernando Vázquez, el Mallorca habría luchado por algo más que la permanencia. Incluso si a Pep Alomar le hubieran agradecido sus servicios junto a Olaizola con un contrato en tiempo y forma. Molango no es inocente porque, desde el principio y sin escuchar a nadie –no creo que acepte demasiados consejos-ha hecho profesión de fe respecto al entrenador gallego. Si yo fuera el de Castrofeito me preocuparía. Una vez más reivindicamos la verdad y la necesidad de gastar saliva cuando es necesario y no cuando nadie te pregunta. Ortuño se ha ido al Cádiz para no reencontrarse con el actual inquilino del banquillo de Son Moix, Colunga reniega de él, Xisco no quiso ni olerle. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.
La reconciliación del mallorquinismo sólo es posible a partir de una máxima: ¡basta de mentiras!





