El vicepresidente del Consell de Mallorca hace uso de dos vehículos de la institución para desplazarse, a saber, un Dacia y un Subaru, y hace unos días se descubrió su mala costumbre de no limitarse a usarlos para sus estrictas obligaciones institucionales, sino también para regresar a su domicilio e incluso para acudir a algún acto de su partido. Se supone que lo mismo pasa con el combustible que consume el puto Dacia. Un comportamiento que, obviamente, habrá que corregir, recordándole a Pedro Bestard que los recursos públicos son para las tareas públicas. Fin de la historia.
Cada hora del pleno del Consell de Mallorca nos cuesta a los mallorquines, únicamente en retribuciones de los 33 diputados, portavoces, consellers executius, vicepresidentes y presidente, del orden de 1.400 euros, sin contar obviamente cargas sociales, personal subalterno, asesores, asignaciones de cada grupo y gastos generales.
Está feo usar el vehículo oficial asignado para cuestiones privadas, pero querer sacar más punta a este asunto solo denota en qué clase de debates pierden el tiempo los políticos actuales. Ahora parece que va a constituirse una comisión en el Consell para investigar el alcance de los hechos. Por si no se habían dilapidado suficientes euros, más madera, que es la guerra.
Mientras tanto, seguimos sin conocer si algún día recuperaremos un céntimo de los 3,7 millones de euros echados a la basura por Francina Armengol y sus acólitos y cariños en materia de mascarillas inservibles. Tampoco creo que consigamos que el Sr. Ábalos o Koldo García nos resarzan jamás del dinero público invertido en servicios sexuales, comisiones y mordidas diversas, incluyendo la investigada financiación del PSOE, por ahora solo presunta. En Andalucía, tampoco esperan recuperar nada de los 679 millones de euros de la trama mafiosa de los EREs, cuyos responsables socialistas fueron convenientemente indultados.
A Vox podemos criticarle muchas cosas, especialmente en Balears donde este partido funciona como un híbrido de la casa de tócame Roque y la Yenka, es decir, de forma errática, absolutamente impredecible y escasamente fiable. Es un mal socio parlamentario, carente de lealtad y centrado en un discurso facilón para mentes simples, al tiempo que obsesionado en algunas otras cuestiones que a la ciudadanía en general le importan un pimiento, pero que llevan dando de comer a algunos cargos de ese partido desde hace treinta años.
Dicho esto, la gasolina o el gasóleo que haya gastado indebidamente el Sr. Bestard, de verdad, dan para la correspondiente reclamación administrativa y una discusión de barra de bar, pero poco más. En Finlandia es posible que cosas como esta provoquen instantáneas dimisiones, pero, en España, mientras el gobierno lo siga encabezando Pedro Sánchez, el listón está demasiado alto para el resto de los mortales, Bestard incluido.
Así que dejen de perder el tiempo y pónganse a trabajar de una vez.





