El hecho de que la cadena Hilton haya sido la única que presente una oferta para hacerse cargo del Palacio de Congresos y de su hotel anexo en Palma demuestra hasta qué punto llega el desinterés por la isla o la falta de entusiasmo por el riesgo de los más importantes hoteleros mallorquines, expandidos algunos de ellos por los lugares más recónditos del planeta pero remisos a asumir el que dentro de pocos años se podría convertir en el lugar más emblemático de la bahía de Palma y, por extensión, de todo el Archipiélago. Aún falta abrir los sobres que explican en qué consiste exactamente la oferta Hilton y si alcanzará los 40,5 millones exigidos por Cort. En todo caso, con un Palacio de Congresos sin terminar por falta de recursos públicos y con la necesidad política imperiosa de darle una salida airosa a esta gran y de momento frustrada apuesta por la fachada marítima, los indicios hacen pensar que saldrá adelante la apuesta de esta gran cadena internacional. Hilton ya tiene experiencias similares de explotación de un palacio de congresos y un hotel anexo en importantes capitales extranjeras. No parece, en principio, que su apuesta por Palma sea una frivolidad. Palma vive una situación extraña a causa de la aventura del Palacio de Congresos, impulsada por un voluntarista Jaume Matas durante la legislatura 2003-2007. El expresidente tenia delirios de grandeza con la fachada marítima y el Moll Vell. Lanzó a un grupo de empresarios mallorquines, incluidos conocidos hoteleros a la aventura de construir el Palacio y el hotel. Quería a su vez impulsar licencias para la construcción de bloques de pisos de lujo en los antiguos terrenos de Gesa. También soñaba derribar el edificio racionalista que durante décadas fue la emblemática sede de la compañía eléctrica de raíz mallorquina. A su vez se movía para soterrar el tráfico del paseo marítimo desde el Palacio de Congresos hasta Can Barbará. Y como colofón a sus iniciativas, deseaba transformar el Moll Vell en el gran centro de ocio de Palma. A las puertas de la campaña electoral del 2007 presentó un quimérico proyecto de Calatrava para construir un inmenso auditorio al aire libre justo en la punta de la zona portuaria. En conjunto era un impulso faraónico que, de todas formas, la crisis económica se habría llevado por delante. Pero aquellos delirios se convirtieron en muy poco cuando perdió el poder. Los socialistas impulsaron la construcción del Palacio de Congresos pero no pudieron terminarlo. Ahora está cerrado e inconcluso. En este contexto llega Hilton para desatascar la situación en esta inversión concreta. Lo único seguro, por el bien de Mallorca, es que las cosas no pueden continuar como hasta ahora, paradas y sin esperanza. El dinero que venga de fuera es imprescindible. Hay que seguir adelante con mesura y tacto, pero sin pausa.



