El último atentado mortal de ETA en España sigue teniendo su epicentro en un pequeño rincón de Palmanova. Allí, donde una bomba lapa arrancó la vida a los jóvenes guardias civiles Diego Salvá Lezaun y Carlos Sáenz de Tejada García en julio de 2009, el Ayuntamiento de Calvià quiere levantar ahora un gesto físico de memoria. Un monumento con forma de tricornio, iluminado en tonos verdes, que recordará para siempre lo que ocurrió aquel verano.
El Pleno municipal ha aprobado este jueves, por unanimidad, una Declaración Institucional para instalar la escultura en la misma calle que lleva el nombre de uno de los agentes. Un consenso inusual —PP, Vox y PSIB-PSOE alineados sin matices— que el alcalde, Juan Antonio Amengual, ha descrito como un ejemplo de “unidad política y madurez democrática”. Que un monumento reúna sin fisuras a partidos en tiempos de trincheras casi merece placa aparte.
La obra, diseñada y donada por el artista José Carlos Terroba Bello, tendrá 110 centímetros de altura, unos 200 kilos de peso y estará fabricada en hierro de 5 milímetros sobre una base de cemento blanco. Incorporará iluminación interior e indirecta en verde, evocando el uniforme de la Guardia Civil, con la intención de crear —según el Ayuntamiento— un espacio de silencio y recogimiento. A su lado, una placa recordará por escrito los nombres de las víctimas.
MANTENER CADA AÑO EL ACTO DE HOMENAJE
Pero más allá de la escultura, Amengual ha aprovechado el Pleno para lanzar un mensaje político que ha resonado con fuerza. El compromiso de mantener cada año el acto de homenaje mientras los autores del atentado sigan sin responder ante la Justicia. «El crimen continúa impune», ha recordado el alcalde, subrayando que el recuerdo no es solo memoria, sino también exigencia pendiente.
Un anuncio que quiere funcionar como recordatorio de una herida que, pese al paso del tiempo, sigue abierta en el municipio y en las familias de los dos agentes. Y convierte el punto exacto del atentado en un lugar de memoria permanente, más allá de las conmemoraciones anuales, que seguirán celebrándose “al menos hasta que los culpables sean llevados ante la Justicia”.
Con el apoyo cerrado de los tres grupos municipales y la pieza artística ya definida, solo queda fijar la fecha de instalación. Lo que sí parece claro es que la esquina de Palmanova donde estalló la bomba en 2009 dejará de ser un espacio más del callejero para convertirse en un recordatorio visible y constante de aquella mañana que Calvià aún no olvida.







