“Economía es la administración de recursos productivos escasos para producir, distribuir y consumir de forma eficiente bienes y servicios”.
No lo digo yo, lo dice el profesor de Economía y doctor de la Complutense, Antonio Javier Ramos Llanos, en el Diccionario de Economía Aplicada.
Y cuan distinto sería si todos dispusiéramos de una máquina de fabricar dinero. Aunque ello no nos salvaría de trabajar, puesto que son más bien pocos los bienes que nos llegan sin haber pasado por la labor de otras personas o nosotros mismos. Y servicios, por supuesto que ninguno.
Sin embargo, hay escaseces que engañan. Me ha llegado recientemente a los oídos la intención de una empresa conocida –de la que diré que está implantada desde hace muchos años en un pueblo del Pla de Mallorca- de declararse en concurso de acreedores en fechas muy próximas. Hasta ahí nada nuevo por desgracia. Mi asombro del caradurismo de estos empresarios es cuando me aseguran que más del 80% de su gestión económica es en contabilidad B. La fuente es totalmente fiable.
Resumiendo, pretenden estos desvergonzados que aún teniendo dinero opaco sean sus pequeños proveedores quienes paguen la fiesta, evidentemente, bajo la presión de aceptar la quita y espera para poder seguir facturando en el futuro. Presumo que hacer esto es una gran ilegalidad, un concurso culpable e insolvencia punible como un templo. Prisión e inhabilitación. Una situación inexcusable máxime habiendo existido recientemente una amnistía fiscal en la que se han dado facilidades para legalizar el dinero negro.
No obstante, me comentaban que muy probablemente ningún afectado denuncie esta alarmante doble contabilidad, aún sabiéndola. El motivo, cómo me decía uno de ellos, es la convicción de que “tienen a todo el mundo comprado”. Me resisto a creer que esto sea así.
La pregunta que surge entonces es cuántos casos semejantes a este se habrán dejado de denunciar por aquello de "Tanmateix no conseguirem res".
Corolario: Consentir una situación es contribuir a que se perpetúe.



