Carlos Castresana presenta su libro Bajo las togas en Palma. Foto: J. Fernández Ortega
“Yo he venido a hablar de mi libro”. Tranquilamente Carlos Castresana (Madrid, 1957) podría haber interrumpido la entrevista con mallorcadiario.com a mitad de la conversación utilizando la célebre frase de Francisco Umbral. Porque durante el encuentro se ha hablado mucho de derecho internacional y bastante menos de su nuevo libro. Y no porque no merezca la pena, sino porque la actualidad, a veces, pasa por encima de todo. Y en un momento en el que el derecho internacional parece haber saltado por los aires, su visión cobra todavía más relevancia.
Fiscal desde 1989 y con una larga trayectoria en las fiscalías Antidroga, Anticorrupción y del Tribunal Supremo; y comisionado de la ONU contra la impunidad en Guatemala fue uno de los impulsores de las denuncias contra los dictadores Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla, un proceso que marcó un antes y un después en la aplicación de la justicia universal.
De paso por Palma, en el Colegio de Abogados de Baleares (ICAIB), para presentar su libro Bajo las togas. Errores judiciales y otras infamias, Castresana analiza en esta entrevista algunos de los mayores errores judiciales de la historia, pero también el momento que atraviesa el derecho internacional en un mundo marcado por conflictos como Ucrania, Gaza o Irán.
"En los últimos 25 años el Tribunal Supremo ha declarado inocentes a unas 250 personas que habían sido condenadas injustamente"
En Bajo las togas repasa algunas de las mayores aberraciones judiciales de la historia. ¿Qué le llevó a escribir este libro ahora?
Fue una coincidencia. Estuve un tiempo destinado en Almería, después trabajando con Naciones Unidas y luego llegó la pandemia. Fue un periodo más tranquilo que me permitió leer, reflexionar y escribir. De ahí nació el libro.
Al revisar tantos casos, ¿no tiene la sensación de que la justicia también puede cometer grandes injusticias?
Sí, muchas más de las que sería razonable aceptar. Los errores existen en cualquier actividad humana, pero en la justicia hay más de los que debería haber. Y lo preocupante es que se repiten los mismos fallos desde el siglo XVI hasta hoy.
¿Se equivoca la justicia más de lo que estamos dispuestos a reconocer?
Yo creo que sí. Solo en los últimos 25 años el Tribunal Supremo ha declarado inocentes a unas 250 personas que habían sido condenadas injustamente. Son unas diez al año como promedio, y estoy convencido de que hay más casos que nunca llegan a revisarse.
"El caso de Pinochet se utiliza para decidir si se retira la inmunidad a Putin o Netanyahu"
¿Cuál es el error judicial que más le ha impresionado?
Los más sangrantes no son errores, son infamias. Casos en los que el poder político manipula la justicia para condenar a un inocente. Un ejemplo es el de Mariana Pineda, ejecutada por decisión del rey Fernando VII para frenar el auge del liberalismo.
Muchos de los casos que analiza incluyen torturas o confesiones forzadas. ¿Cree que estas prácticas han desaparecido?
La tortura física hoy es excepcional en países desarrollados, pero existen formas más sofisticadas de presión. Por ejemplo, las sentencias de conformidad. Hay personas inocentes que aceptan una condena menor por miedo a recibir una pena mucho mayor si van a juicio.
Usted impulsó las denuncias contra Pinochet en los años noventa. ¿Fue aquel caso un punto de inflexión?
Sin duda. Hoy el caso Pinochet es el precedente más importante para discutir la responsabilidad penal de jefes de Estado. La decisión de retirarle la inmunidad se cita ahora cuando se habla de Putin o de Netanyahu.
"El derecho internacional se está hundiendo ante las grandes potencias"
España fue pionera en la justicia universal, pero luego limitó mucho su aplicación. ¿Fue un error?
Fue un paso atrás espantoso. España sacó los principios de Núremberg del congelador y los puso en funcionamiento. Pero cuando empezamos a investigar a Estados Unidos o a China se cerró la puerta. Hoy ya no tenemos jurisdicción universal.
¿Qué le parece la justicia actual en España?
Necesita más transparencia y más profesionalidad. La gente desconfía porque no entiende cómo funcionan los tribunales. Y además hay mucha independencia judicial, pero no tanta responsabilidad.
¿Cómo ve el estado actual del derecho internacional?
El derecho internacional se está hundiendo ante las grandes potencias. El sistema funciona porque la mayoría de los países lo respetan la mayor parte del tiempo. Pero cuando lo vulneran las potencias más fuertes el impacto es enorme y todo el sistema empieza a resquebrajarse.
"Lo de Gaza es lo más grave que ha pasado desde 1945"
¿Cree que algún día Putin podría acabar ante un tribunal internacional?
Soy optimista y quiero pensar que sí, pero probablemente tendría que producirse antes un cambio político en Rusia. Entonces sería Rusia quien lo entregaría al tribunal de La Haya.
¿Y Netanyahu?
Israel nunca lo entregará a un tribunal internacional. Pero dentro de Israel todavía existe un germen democrático y no descarto que algún tribunal israelí termine llamándole a declarar.
Usted ha sido muy crítico con la guerra en Gaza.
Lo de Gaza es lo más grave que ha pasado desde 1945. Es un genocidio retransmitido en directo por televisión. Un territorio con dos millones de personas que ha sido prácticamente borrado del mapa.
"Si no se pone un alto a Israel, terminará utilizando la bomba atómica en Irán"
¿Hasta dónde puede llegar la escalada en Oriente Próximo?
Si no se pone un alto a Israel, terminará utilizando la bomba atómica en Irán. El problema es que nadie le está poniendo límites y cada paso que da sin consecuencias le anima a ir un poco más allá.
¿Cree que estamos entrando en una etapa de debilitamiento del derecho internacional?
Sí. Desde los atentados del 11 de septiembre hemos vivido un deterioro constante. El problema no es solo lo que hacen las grandes potencias, sino el silencio del resto.
¿Le preocupa el papel de Europa en este escenario?
Mucho. La Unión Europea es la única que podría introducir racionalidad en este momento. Pero no veo líderes europeos capaces de hacerlo.
"Me preocupa más la destrucción del Estado de derecho en EEUU que Trump en sí mismo"
¿Teme a la figura de Donald Trump en este escenario internacional?
No tanto Trump en sí mismo. Lo que me preocupa es la destrucción del Estado de derecho en Estados Unidos. Aunque parezca que no hay orden cuando el presidente habla, allí siguen existiendo mecanismos de control institucional. El problema es más profundo: una deriva hacia un capitalismo salvaje y una política cada vez más desinhibida en el uso del poder.
¿Estamos ante una nueva forma de liderazgo autoritario en las democracias occidentales?
Lo preocupante no es solo lo que hacen estos líderes, sino el apaciguamiento del resto. Eso recuerda mucho a la Europa de los años veinte y treinta, cuando las potencias permitieron el crecimiento del poder de Hitler pensando que así evitarían la guerra.
¿Podemos acabar en un escenario similar al de los años treinta?
No soy catastrofista. Todavía creo que esto se puede reconducir. Pero no nos queda mucho tiempo.
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