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Cirugía bajo el fuego

martes 06 de abril de 2021, 03:00h

Hace unos pocos días hemos tenido conocimiento de un hecho extraordinario protagonizado por un equipo quirúrgico en un hospital del lejano oriente siberiano de Rusia.

En la ciudad de Blagovéshschenk, capital de la provincia (“óblast”) de Amur se produjo un incendio en un hospital que es un centro de cirugía cardíaca y está ubicado en un viejo edificio cuya construcción data de 1907. Las llamas se extendieron con rapidez, debido a las características del inmueble, en cuya obra se había utilizado mucha madera, como era típico en la zona en la época, lo que obligó a la evacuación completa del centro y a la actuación de los bomberos.

Pero en uno de los quirófanos estaba en curso una operación a corazón abierto y el equipo quirúrgico consideró que interrumpirla y evacuar al paciente suponía un riesgo inaceptable para su vida y decidió seguir adelante mientras los bomberos hacían su trabajo contra las llamas. Se usó un grupo electrógeno para garantizar el suministro eléctrico y ventiladores para eliminar el humo del interior del quirófano y consiguieron acabar con éxito la operación.

El cirujano responsable se limitó a declarar después que no tenían otra alternativa, simplemente tenían que salvar al paciente y una de las enfermeras manifestó que no se produjo ningún momento de pánico, siguieron trabajando por el bien del paciente.

Esta pandemia que venimos sufriendo desde hace ya un año ha puesto de manifiesto muchos defectos y carencias de nuestras sociedades, en el sistema sanitario y en la estructura económica sobre todo, pero también muchas virtudes, como la dedicación de todos los equipos sanitarios, en los hospitales, centros de salud y unidades de emergencias, a la atención a las personas, afectadas por el virus o por otros padecimientos.

Los aplausos diarios de los ciudadanos a las ocho de la tarde durante el primer confinamiento fueron una muestra de la consideración hacia su trabajo, así como de agradecimiento por su esfuerzo y dedicación. Los sanitarios han pagado un alto precio en esta pandemia. Han trabajado hasta la extenuación, doblando turnos, renunciando a días libres y a vacaciones. Muchos se han contagiado por no disponer de material de protección suficiente y adecuado y algunos han muerto. Y muchos padecen ahora secuelas psicológicas a consecuencia del inacabable progreso de la enfermedad y la lentitud del proceso de vacunación, única esperanza de poder estabilizar y controlar la pandemia.

Hechos como el del hospital de Rusia y el comportamiento general durante la pandemia llevan a algunas personas a considerar a los sanitarios como héroes ligados por el sagrado juramento hipocrático. Sin embargo no somos ni queremos ser héroes. Lo que sí somos es profesionales vocacionales que colocamos el bienestar de nuestros pacientes por encima de todo.

Tampoco hay ningún juramento hipocrático. No hay ninguna ceremonia solemne al acabar los estudios donde todos los nuevos médicos levanten la mano y juren los mandamientos de Hipócrates. El juramento es inherente, está simplemente implícito en el hecho de ejercer la medicina, o la enfermería, o cualquiera de las otras especialidades sanitarias: el paciente es nuestra preocupación y debemos atenderlo, intentar diagnosticar sus padecimientos y tratar de curarlos y si no es posible, paliarlos y, sobre todo, no provocarle daño alguno, excepto aquel que sea estrictamente imprescindible para su curación.

Sobre estos principios se basa nuestra actividad, pero no sobre el heroísmo. Esperemos que nuestros gobiernos pongan a disposición del sistema sanitario los recursos suficientes y adecuados para poder realizar nuestra labor sin necesidad de ser héroes, solo lo que somos, profesionales vocacionales.

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