Unas quinientas personas -el mismo número, radical arriba, radical abajo, que las que acudieron días después al mitin de Alvise Pérez en el Parc de Sa Riera- se manifestaron, con gran despliegue de banderas, en apoyo de la expedición comunistoide denominada Global Sumud Flotilla que había de zarpar días después de Barcelona rumbo a Gaza no se sabe muy bien para qué. Viendo las fotografías de las embarcaciones, adornadas, entre otras, de banderas venezolanas, se entendió todo mucho mejor.
La prensa celulósica local tituló el evento al unísono como “Clamor por Palestina”, en ese totum revolutum que tanto pone a determinados plumillas, mezclando conceptos como Israel y genocidio. En España, tristemente, subsiste un profundo sentimiento antisemita en gran parte nuestra sociedad, especialmente entre la llamada progresía.
Ahora bien, calificar de ‘clamor’ la performance -menores incluidos- de cinco centenares de activistas radicalizados es de chiste. Palma tiene una población censada cercana a las 450.000 personas y se manifestó, por tanto, el 0,1 de la ciudadanía, y eso sin contar con que al flash mob de Ciutat debieron acudir agitadores propalestinos desde otras localidades de la isla.
Lo anterior no significa -que eso es lo que ellos quieren que parezca- que quienes pasamos de infantiles visiones maniqueas, a las que tan aficionada es la izquierda española, especialmente en un conflicto tan complejo como el de Oriente Medio, no lamentemos las muertes de civiles y los posibles excesos que puedan haberse dado y que, en todo caso, habrá que probar.
Me pregunto qué hacían estos centenares de indignados en los días siguientes a que Hamás masacrara en Israel en una sola jornada a más de 1.200 personas y se cobrara 251 rehenes, algunos de los cuales, a día de hoy, aún permanecen secuestrados por quienes todavía actúan de gobierno efectivo de Gaza y gozan del respaldo de la progresía española. Callados como putas, así estaban. Igual que sucedió durante años en el País Vasco con los crímenes de ETA; el ominoso silencio de la extrema izquierda con los asesinatos les deslegitimará siempre para invocar cualquier clase de justicia.
Habrá miles de ciudadanos de buena fe que piensen que la solución óptima al sempiterno conflicto es la de los dos estados, y que Israel se está excediendo en su legítimo derecho de defensa. Con sentido común y sin apriorismos, todo es discutible. Pero lo cierto es que solo en un bando de esta guerra hay una consigna que contiene el concepto “exterminio”, y no es precisamente en el flanco israelí.
El enemigo de Occidente no será nunca Israel, sino precisamente aquellos países que abogan por su completa aniquilación, en los que impera el poder islamista. Alinearse de plano con esta Palestina es, pues, se quiera o no, exactamente lo mismo que hacerlo con Hamás. La distinción que algunos quieren hacer al respecto es completamente artificial, pues si existiera una autoridad palestina alternativa y con un respaldo mayoritario de la población hubiera impedido que Hamás extendiera sus tentáculos hasta el último rincón de Gaza y usara a los civiles como escudo y pretexto para luego reclamar la solidaridad internacional en la que ellos jamás han creído.
En Israel viven y disfrutan de una democracia parlamentaria unos dos millones de ciudadanos musulmanes, el 18% de su población. En cambio, ni en Palestina ni, por supuesto, en Irán y sus satélites, puede sobrevivir nadie que no comulgue con el violento y deshumanizado credo oficial. Miles de judíos iraníes viven exilados. Y los cristianos de los países islamizados sufren persecución, o directamente son masacrados, como ocurre en algunos países de África, sin que la Iglesia de Roma condene con el necesario rigor este auténtico holocausto, al contrario de lo que hace con Gaza.
El verdadero clamor mundial es el clamor por la paz, pero no a cualquier precio. Mientras en Oriente Medio la libertad de culto, el respeto por el diferente, la asunción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la democracia sean testimoniales, la paz será solo un voluntarioso desiderátum completamente vacío.





