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Comer animales es fascista

jueves 05 de septiembre de 2019, 04:00h

Volvemos de vacaciones y comprobamos que afortunadamente seguimos sin Gobierno. Si la cosa cambia, será a peor, así que Virgencita, que me quede como estoy. Basta ojear las propuestas de ayer del Dr. Cum Fraude: más impuestos, más gasto, más control (efectivo sólo para pagos inferiores a mil euros)… Resumiendo, más socialismo, la doctrina más nefasta, la estafa más grosera de la historia. Algún lector amigo me dice que parezco sectario cuando escribo este tipo de declaraciones, pero a mí me parecen rigurosamente exactas. El socialismo dice querer ayudar a los desfavorecidos, pero hace todo lo contrario allí donde se aplica, y tenemos ya amplia experiencia histórica, además de demostración teórica. En la teoría podemos citar a Mises, Hayek o al español Huerta de Soto, por ejemplo. En la práctica, tenemos Corea del Norte vs la del Sur, Alemania Federal vs RDA, o el reciente caso de Venezuela, entre muchos otros. Por ello, sólo por ignorancia o mala fe puede defenderse el socialismo hoy, a mi juicio, y sólo por la propia propaganda socialista que domina nuestros medios y sistema educativo puede explicarse que el socialismo no sea considerado una doctrina tan repugnante y liberticida como su hermano el nacionalsocialismo.

El socialismo del siglo XXI viene además aderezado con una serie de ideologías conexas: ideología de género, ecologismo, indigenismo (muy en boga en Hispanoamérica)… Si el socialismo divide a la sociedad en clases enfrentadas, poniéndose de parte de los supuestamente explotados, la ideología de género sostiene dos ideas: primera, que las mujeres están explotadas, y por ello las apoya (feminismo). Segunda, prescindiendo del sexo, emplea la palabra género, de significado confuso, para acto seguido decir que es sólo una construcción cultural, y que por tanto cada uno puede ser del género (sexo) que quiera, sólo con desearlo. La contradicción entre ambas ideas es evidente: si en realidad los sexos o géneros no existen, porque cada uno puede ser lo que quiera, e incluso cambiar cada día de género (género fluido, y no es broma, dicen que existe), no tiene sentido defender a la mujer. Es más, podríamos declararnos todos mujeres, y se acabó la lucha. Como el violador preso que se declaró mujer y consiguió que le enviaran a una cárcel de mujeres, donde evidentemente reincidió (caso real, búsquenlo en internet: se llama Stephen Wood -ahora, Karen White). Pero las contradicciones no importan, mientras se controle la propaganda y el poder.

En el ecologismo, el explotado es el planeta, y el explotador el hombre (varón, hembra y resto). Ayer se publicó en Expansión un artículo de Fernando del Pino para enmarcar, se lo recomiendo encarecidamente. Se titula “Huracanes y otras mentiras del ecologismo (y del periodismo)”, y explica que “ni los huracanes ni las sequías son más frecuentes ni existe deforestación”. Quieren convencernos de que existe una emergencia climática, pero en el fondo todo trata de qué es útil para el poder. Así, hay gente que declara que dejará de tener hijos por este motivo, cuando el problema más grave de Occidente es la caída de la natalidad. Cuando lo dijo Miley Cyrus no le di mucha importancia, pero cuando se trata del príncipe Enrique de Inglaterra ya se ve que nos lo están vendiendo como tendencia moralista, cuando es todo lo contrario.

Se toma una idea positiva, como la ayuda a los pobres (obviando que la pobreza extrema se ha reducido espectacularmente las últimas décadas), la igualdad de la mujer, o la lucha contra la contaminación, se exagera, y se proponen e imponen medidas injustas y contraproducentes, pero útiles para el poder.

Se ha viralizado últimamente un video donde puede contemplarse este mejunje en todo su esplendor: es ése donde aparecen tres “humanes” (hablan con la e para no discriminar a otros géneros aparte de hombre y mujer) preocupadas porque las gallinas son violadas por los gallos, por lo que se ven obligadas a separarlos. Además denuncian que los huevos son de las gallinas, por lo que se los robamos. Junto con ello se quejan del capitalismo y tal. Pero la traca final es lo mejor: “comer animales es fascista”.

De modo que tenemos todo junto: socialismo anticapitalista, ideología de género, y ecologismo animalista (“antiespecista”, dicen “elles”). Con sus contradicciones, claro: si el género no existe y somos todos iguales, ¿por qué separan -segregan, dirían elles- gallos y gallinas? Y si defienden a todas las especies, ¿por qué no comen animales, pero sí vegetales? Estas teorías abren campos ignotos en mi campo, el del Derecho, como el consentimiento animal, o el animal como sujeto de derechos. ¿Hay que revisar Civil I y el concepto de persona?

Centrándonos en lo positivo, no me cabe duda de que esta gente tiene un deseo auténtico de hacer el bien. Pero que ese deseo acabe en el veganismo antiespecismo anticapitalista prueba que el socialismo no conduce a nada bueno. Que no le engañen, y esté prevenido contra la propaganda.
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  • Comer animales es fascista

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    193130 | Maties Rebassa - 05/09/2019 @ 11:26:31 (GMT+1)
    Tenc que reconeixer Gabriel, que així com a tu se te obrin camins inexplorats dins es teu món des dret, a jo dins es meu món, es rural, se me obrin camins moralment desconeguts. Pensava que tot això que vaig fent a sa meva petita explotació agrícola era de bon ecologista, de bon animalista, .... i si m'apures de bon socialista/comunista , amb s'intercani d'ous i carn. Però resulta que per si tenir un gall dins es galiner ( pensant en crear un entorn més natural/real) ara som un protector d'un violador, consumir sa nostra propia carn me convertix amb un assessí/faixista, regar es joves fruiters en època de sequera, tallar sa vegetación sobrant per cuinar i sa fogata, i practicar sa caça tradicional ( començat ja sa tercera generación viva), tot això me convertig amb un depredador des nostro ecosistema, i ademés cóm tu dius Gabriel, amb un fascista, val més ho deixi anar tot abans de convertir-me en un apestat social.

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