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Un alud de restricciones que alimenta la confusión

lunes 14 de septiembre de 2020, 00:00h

La estrategia de la Administración para frenar al virus pasa por la adopción de nuevas restricciones o por la modificación de aquellas que ya están en vigor. Los ciudadanos de Baleares, y en particular los de Palma, asistimos cada vez más a cambios en las normas dictadas; lo que produce no poca confusión. Cierre de playas por las noches, prohibición de fumar en la vía pública, más limitación de aforos en los establecimientos públicos, clausura de los parques infantiles, reducción en el número de niños en actividades de ocio... Y, como colofón, el aislamiento de aquellas zonas que tienen un mayor índice de contagios por coronavirus.

La impresión es que existe poca simplicidad en las normas dictadas con lo que -como ya pasó en las últimas fases de la desescalada- se alimenta la confusión al no saber, con total certeza, qué es lo que se puede y lo que no se puede hacer. Este fin de semana, en una encuesta de calle de un medio público, una ciudadana de Son Gotleu explicaba orgullosa que ella cumplía estrictamente con las normas y que permanecía en casa todo el tiempo posible, saliendo únicamente a lo imprescindible que ese día había sido ir a hacer la compra al Mercado del Olivar. Desconocía la entrevistada que ese mercado se halla fuera de su zona de aislamiento y, por tanto, es zona prohibida.

El resultado de no conocer las normas de forma precisa no es diferente al que producen las infracciones de las mismas. No se cuestiona que sean reglas más o menos efectivas en su objetivo de luchar contra el coronavirus. Se trata de que realmente se cumplan. Se sobrentiende que la mayoría de ciudadanos actúa de buena fe, pero ayudaría mucho que las administraciones informasen mejor y que las normas fueran más sencillas y fáciles de comprender, aunque vayan cambiando en función de la evolución de los contagios.

Eso, y que realmente haya medios de control y vigilancia para garantizar que nadie se salta las regulaciones. Harán falta muchos efectivos de cuerpos de seguridad y de funcionarios públicos para explicar las normas con detenimiento y velar porque todos los afectados las cumplan. Dictar normas que no todos llegan a conocer y no vigilar su cumplimiento equivale a no valorar el esfuerzo y los sacrificios que la mayor parte de la ciudadanía está realizando. Y resulta inútil en la lucha contra el virus.


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