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Cruceros, un ejemplo más de la vuelta a la normalidad

viernes 18 de junio de 2021, 00:00h

Aunque la visita apenas duró unas horas, la llegada del primer crucero internacional a Palma constituyó este jueves -tras quince meses de parón de esta actividad- un ejemplo más de la vuelta a la normalidad que empieza a abrirse camino. El puerto de Palma recibió el 'Mein Shiff 2', en una escala que se prolongó durante unas doce horas pero que fue suficiente para recuperar la imagen de los cruceristas paseando por el centro de la capital, con la lógica satisfacción de los comercios que llevaban meses reclamando la vuelta de este tipo de clientela.

La importancia de esta primera escala quedó patente en el acto con el que el Govern balear, en la persona del conseller de Turisme, Iago Negueruela, quiso escenificar la bienvenida a los cruceristas. El mismo barco tiene ya cinco escalas confirmadas esta temporada en Palma, con mil pasajeros en cada viaje. La recuperación de la actividad ha sido posible tras el levantamiento de la prohibición que estaba vigente desde el 23 de junio del año pasado, aunque en la práctica la llegada de cruceros ya se había frenado antes. La actividad ha quedado regulada por un protocolo sanitario propio que se suma a la evolución favorable de la pandemia en el territorio europeo, el aumento de la población vacunada contra la Covid 19 y el descenso de la incidencia en las comunidades autónomas con puertos susceptibles de recibir este tipo de buques.

Que vuelvan los cruceros permite albergar nuevas esperanzas sobre la reactivación turística. Antes de la pandemia, el sector aportaba 2.800 millones de euros a la economía nacional, manteniendo 50.000 empleos directos y generando ingresos de 1.500 millones en salarios a los trabajadores. En Baleares, sectores como el comercio, la restauración, los guías turísticos, el taxi o los autocares hacen buena caja con la llegada de este tipo de visitantes.

La iniciativa debe verse, además, como una oportunidad para racionalizar esta actividad, sin entrar en conflicto con el modelo sostenible que el nuevo turismo reclama, y superando el debate que las plataformas anticruceros -alentadas a menudo por partidos con responsabilidad de gobierno como es el caso de Més- se empeñan en alimentar. Espaciar las llegadas para evitar una saturación o utilizar combustibles menos contaminantes, como ya se está aplicando, son la solución. Se trata de proteger un tipo de turismo muy esperado sin que ello perjudique al destino ni al resto de actividades que aquí confluyen.

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