La excepción confirma la regla y sin que sirva precedente, hoy hago un cambio de tercio. Dejo la educación a un lado para centrarme en la política. Y es que las elecciones extremeñas pueden llegar a marcar una tendencia que veremos si se repite o no en el panorama nacional.
Lo que está claro que la derechización está de moda. Y no solo en España sino en el mundo. El último ejemplo, Chile. Por algo será. El mensaje de la izquierda no cala ya entre los ciudadanos que ven que el idealismo progresista no se materializa en mejoras económicas, sociales, laborales, etcétera. El discurso de la paguita, la subvención y “papá Estado lo paga todo” ya no convence.
Lo que ha pasado en Extremadura es el prolegómeno de lo que está por venir en España. El PSOE se desmorona. Y no es para menos con el lastre del Gobierno de Sánchez asomando. En uno de los feudos del socialismo español, Gallardo ha perdido casi la mitad de los votantes y diez escaños. No es para menos. No olvidemos que el candidato está bajo sospecha e investigado por la justicia. Indecente. Igual de indecente que su comparecencia para analizar los resultados. “Estas elecciones han sido un fracaso de María Guardiola”. Pues bendito fracaso. Cero autocrítica. Increíble.
El PP se consolida como primera fuerza política, obtiene un escaño más y más porcentaje de votos que toda la izquierda junta. El PP está en posición de formar gobierno en minoría, sin obstáculos, sin cambio de cromos y sin exigencias. Y ahora no vale decir que el PP ha perdido cuarenta mil votos. Cuando nos interesa, utilizamos el argumento del número de votos y cuando no, el de escaños. No, no, no. Los parlamentos autonómicos se conforman de escaños, por tanto, la lectura hay que hacerla en escaños.
Kit Kat. Abro paréntesis. Año 2007. El PP de Baleares obtiene 135 mil votos y se va a la oposición. Año 2011. El PP de Baleares obtiene el mismo número de votos (135 mil) y consigue una mayoría absoluta abrumadora. Así es la ley electoral que tenemos.
Vox crece a costa de votantes del PP y de una corriente juvenil que parece que se identifica más con los valores de la derecha que de la izquierda. Aquí los partidos políticos tendrán que hacer una profunda reflexión para ver cómo hacer llegar el mensaje a un colectivo que ve que su futuro en España puede ser mejor de lo que se lo pintan. Es por ello, que VOX no ha crecido solo por méritos propios. Es cierto que, con esta convocatoria electoral, el PP de Extremadura le ha tendido un puente de plata para engordar. Ello no es óbice, cortapisa o valladar para que los de Abascal pongan trabas a la constitución de un gobierno en Extremadura. El enemigo político de VOX no es el PP y viceversa. Y esto no se puede obviar.
Lo que está por ver es si VOX todavía tiene más margen de crecimiento. Y eso solo puede contrarrestar un mensaje del PP más claro, firme y contundente. Todavía no tenemos suficientes datos y evidencias para poder llegar a afirmar si con VOX va a pasar lo mismo que con UPyD, Ciudadanos o Podemos. Lo que está claro es que, de momento, el PP no se desengancha de Abascal.
En cualquier caso, Extremadura se merece avanzar. Los ciudadanos han hablado. La opinión está clara y sin matices. No hay juegos de artificio, lecturas interesadas ni eufemismos políticos. El PP es el que tiene la sartén por el mango y el que tiene que marcar los tempus. Porque en democracia, cuando el veredicto de las urnas es nítido, solo cabe asumirlo y actuar en consecuencia. Vox populi, vox Dei.





