Del cielo al infierno

“Por nuestra historia, por quiénes somos, por nuestro escudo, por nuestra afición...qué sea un sábado de gloria”. Esto es lo que escribió el presidente de la Comisión del centenario en Twitter antes del partido del sábado frente al Tenerife. Y, claro, es cuestión de no exagerar porque ganar un partido en plena lucha por evitar el descenso no conduce al olimpo, sólo impide que caigas en el infierno, una diferencia más que evidente.
No. Miren. No nos equivoquemos. Baje o no, que seguimos pensando que no lo hará, la temporada concluirá con un rotundo fracaso en todos los órdenes. Esta plantilla no se confeccionó para transitar con pena por segunda división, sino para abandonarla por la parte de arriba y aunque desde el mes de agosto venimos avisando de su mala planificación y el engaño, por no hablar de timo, salvar la delicada situación actual no es ningún mérito, sino una obligación cuando no una deuda.
En esta guerra de penurias no hay héroes. Si la liga termina con el Mallorca en décimo séptima posición no será por su entrega, su esfuerzo o su buen hacer, sino porque habrá habido cuatro rivales aún peores. Y eso, manejando el cuarto presupuesto más alto de la categoría, es un suspenso como una catedral, sin laureadas ni medallas.
Ya hemos dicho que, al margen de la conclusión, el futuro del club se nos antoja demasiado incierto. Pase lo que pase, el enfermo no parece estar en manos de los mejores galenos. Y Toni Tugores debería ser el primero en saberlo por muy celoso que tenga su puesto de delegado y por muy lícitas que sean sus aspiraciones de ocupar un cargo más alto, quizás el que más. La línea que separa el ridículo del éxito es bastante más fina de la que señala la distancia entre el cielo y el averno.

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