Denunciado un bar de Son Cotoner por ejercer de discoteca sin tener la licencia. La inspección de la Policía Local se saldó con varias actas por infracciones relacionadas con la actividad ejercida, la contaminación acústica y la ocupación de la vía pública, todas ellas remitidas a los departamentos municipales correspondientes para la apertura de los pertinentes expedientes sancionadores.
RUIDO DESPROPORCIONADO
Uno de los aspectos más graves de la intervención fue el resultado de la sonometría realizada por los agentes al amparo de la Ordenanza Municipal reguladora del ruido y las vibraciones: 83 decibelios, una cifra que supera en más de 15 dB el límite permitido para la categoría del establecimiento. Según la normativa vigente, esta desviación se considera una falta muy grave. Ante la presencia policial, el DJ cesó de inmediato su actividad.
Que la música fuera claramente audible desde la calle no hizo sino agravar la situación, añadiendo otra denuncia al abultado expediente que se fue acumulando durante la inspección.
CUATRO DENUNCIAS
La Policía Local formalizó un total de cuatro infracciones distintas contra el establecimiento. Además de la relativa al exceso de ruido, los agentes levantaron acta por no presentar licencia de actividades ni proyecto técnico, por ejercer como discoteca contando únicamente con título habilitante de bar-cafetería, y por superar la ocupación autorizada de la vía pública.
El conjunto de las denuncias ha sido trasladado a los departamentos municipales competentes, que deberán ahora instruir los correspondientes expedientes sancionadores.
Esta actuación se enmarca en la campaña permanente de la Policía Local de Palma para garantizar el descanso de los vecinos y el cumplimiento de la normativa en materia de establecimientos públicos. La UVMA-Patrulla Verde es la unidad especializada en el control de la contaminación acústica y medioambiental en la ciudad, y su actividad se intensifica especialmente en los meses en que el ocio nocturno cobra mayor protagonismo.
El caso de Son Cotoner ilustra una práctica que las autoridades llevan tiempo persiguiendo: la de locales que, amparados en licencias de menor entidad, operan de facto como salas de baile o discotecas, generando molestias a los residentes y eludiendo las exigencias técnicas y legales que este tipo de actividad conlleva.








