Leía no hace mucho un libro de Jack Fuller, exeditor del Chicago Tribune (para que digan que no me he preparado para ser colaborador de Mallorca Diario) donde cuenta que descubrió cómo iba esto del periodismo tras el siguiente episodio: un día en que no había noticias escribió que había muchos delitos en el metro de Chicago, lo cual era verdad, pero no eran más ni menos que los habituales. Al día siguiente, la competencia entrevistó a varias víctimas de robos en el metro, lo que obligó a su periódico a profundizar en el tema, y entre todos desatar una especie de espiral que acabó con la autoridad del metro introduciendo más vigilantes en las estaciones. Fuller cuenta que no había cambiado nada, excepto que la prensa metió su nariz en esto y terminó por crear una impresión falsa respecto de lo que era normal. Ustedes verán: hace años que en toda la costa peninsular y de Baleares se hacen prospecciones para ver si hay petróleo, sin que nadie abra la boca. El caso de Ibiza es igual que otros muchos que tienen lugar sin que nadie se ocupe ni preocupe. Pero, como ahora la prensa ha destacado el tema, los políticos se han acordado y todos somos más antipetroleros que nunca. O más impresentables que nunca.



