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¡Diálogo! ¿Qué diálogo?

lunes 11 de noviembre de 2019, 03:00h

Es al torero Rafael Guerra Bejarano “Guerrita” 1862-1941) a quien se le atribuye aquella mundialmente conocida frase: “Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. Otros historiadores sostienen que antes que el mítico torero la pronunció Charles Maurice de Talleyrand, (1754- 1838), sacerdote, obispo, político, diplomático y estadista francés.

Lo importante es que sigue siendo universalmente cierta.

Diálogo seguramente es la palabra que más han utilizado los políticos en España los últimos años refiriéndose a la caótica situación social, política y económica en que está Cataluña.

Todos los organismos internacionales en la gestión de conflictos exigen a las partes dos requisitos previos para el inicio de un diálogo: el respeto a la ley y el cumplimiento del principio de neutralidad de las instituciones.

El diálogo es imprescindible, pero requiere de unas condiciones que hoy todavía no se dan, por culpa de los partidos independentistas catalanes.

Estos son los requisitos que los independentistas no cumplen:

A) En el balcón del Palau de la Generalitat hay una pancarta que exige “libertad presos políticos y exiliados”.

Si se pretende dialogar es un hecho doblemente inaceptable: primero, porque significa que los independentistas creen que pueden vulnerar el Estado de derecho sin que eso tenga consecuencias. Los condenados no lo están por haber permitido una votación, como dice el payaso de Torra, sino por haber intentado liquidar la democracia constitucional. Y, segundo, porque la presencia de esa pancarta, evidencia que las instituciones catalanas están consagradas al servicio de una causa partidista.

B) La insistencia del impresentable presidente Torra en el “ho tornarem a fer”, la resistencia del Govern en condenar los hechos de violencia mientras carga contra la actuación de los Mossos, su sorprendente anuncio de que habrá un referéndum en lo que queda de legislatura, la moción en torno a la autodeterminación prevista para su tramitación parlamentaria y el manifiesto de la Llotja de Mar renegando del sistema democrático vigente dibujan una proceder que se acerca peligrosamente a la provocación de nuevos episodios de judicialización de la crisis catalana.

C) Los independentistas presionan con dos condiciones tan irrenunciables para los partidarios de una república catalana como contradictorias. Que la negociación parta de cero, como si no hubiera ni Constitución ni Estatut a partir de los que ponerse a hablar; y que los interlocutores conciban la política como un espacio ilimitado de posibilidades, en el que pueda ocurrir cualquier cosa.

La respuesta a esta estrategia no puede ser otra que la firmeza democrática: la defensa del principio de legalidad y de las reglas de juego.

Como decía Hugo Tagle Martinez, (1931-2002) que fue Profesor de Filosofía e Historia del derecho en la Pontificia Universidad Católica de Chile, y en su obra “Diálogo y Política”: “El diálogo en política tiene una limitación de contenido que es el derecho positivo”.

¿Están por la labor de dialogar los delincuentes que atentaron, y los que dicen que volverán a intentarlo, contra el principio de legalidad y de las reglas de juego?, por lo que dicen y hacen yo diría que no.

Entonces ¡diálogo!, ¿que diálogo?
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