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Disfrutemos el momento

sábado 27 de junio de 2020, 12:00h

Corren tiempos de zozobra. Llevamos 100 días dedicados a luchar, en exclusiva, contra el coronavirus a costa de confinarnos y paralizar la actividad productiva. Con un coste personal y colectivo que ha puesto en jaque, por inanición, al estado de bienestar. A estas alturas somos conscientes que lo hemos afrontado con infantilismo. Aplicando la lógica de que lo no se ve, no existe. Y consecuentemente, sin adelantar acciones preventivas.

No hemos sabido reaccionar hasta que las avalanchas de pacientes graves estaban entrando por las puertas de urgencias y colapsando los hospitales.

No hemos tenido capacidad para valorar, con antelación, la forma de afrontar los contagios en mayores internados, ponderar la alta contagiosidad de los trabajadores en grandes empresas sin medidas específicas y frenar la movilidad no controlada y las aglomeraciones.

Llegado este punto, hemos podido observar como las decisiones en el ámbito político eran tardías, superficiales y orientadas más a la autoprotección que a la salvaguardia de los ciudadanos. Del mismo modo que se ha constatado como los sectores esenciales del país han estado y están funcionado con solvencia.

Entramos en el verano con la confirmación que el covid19 está entre nosotros. Que no podemos bajar la guardia y que el foco de detección debe ser amplio, asentado en la comunidad, basado en los centro de salud y que los aislamientos deben ser selectivos y seguros.

Es obvio que hemos aguantado pero también que salimos, consignas aparte, en precario y más pobres. La recesión es más aguda de lo previsto y la recuperación se prevé más lenta de lo pronosticado

En este escenario, la bondad del momento está en que los radicalismos están deshinchándose en sus historias personales, que una amplia mayoría política está centrada en contribuir a la redacción y aprobación de una norma equilibrada, orientada a dar más certidumbre a las decisiones de futuro.

Que los candidatos a puestos de poder de la UE no son apedreados por la oposición como en la época del gobierno de Rajoy.

Que los grandes partidos son capaces de sentarse a negociar y dar muestras de altitud de miras

Que el factor humano es decisivo por encima de siglas, consignas y colores; la ministra de Podemos Yolanda Díaz, en un ejercicio inaudito de adecuación a la realidad, está dando muestras de pragmatismo, manteniendo la equidistancia entre sindicatos y patronal para llegar a acuerdos de interés general sin dejarse arrastrar por las anacrónicas poses de su formación. La diputada Pastor, un valor que nunca falla, una vez más, ha marcado el camino del acuerdo entre formaciones enfrentadas.

Si, son momentos, desde la precaución, para pararse a disfrutarlos. Y para hacerlo hoy y ahora. Porque a partir del lunes, no es descartable que vuelvan a su estado natural, la greña. Buen finde.

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