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El concurso

viernes 18 de septiembre de 2020, 09:59h

Una de las características singulares de muchos de nuestros políticos es que consiguen convertir en esperpento o caricatura acciones cuya finalidad puede ser muy loable y bienintencionada.

Personajes de tercera fila llevan tan al extremo sus propuestas políticas que dudo incluso que muchos de los 'suyos' se sientan identificados con semejantes memeces.

Las mujeres son uno de los colectivos sociales que más padecen este fenómeno. En aras a la igualdad efectiva, se proponen acciones que, al cabo, acaban por ridiculizarlas o presentarlas como sujetos necesitados de perpetuo amparo, como si todas ellas fuesen menores prepúberes, incapaces de desenvolverse en un mundo realmente igualitario. Es descabellado y, sobre todo, ofensivo para las propias féminas.

Una de ellas me llamó hace unos días escandalizada, echando espumarajos por la tontuna permanente que aqueja a la política, enviándome un enlace a una página del Govern.

Resulta que la Conselleria d'agricultura, pesca i alimentació que preside la podemita Mae de la Concha convoca un primer concurso de fotografía para reivindicar el papel de la mujer rural con motivo de su día internacional, que se conmemora el próximo 15 de octubre. Hasta aquí, todo fenomenal.

La mujer, durante siglos invisibilizada, ha desarrollado un papel esencial en el medio rural y en el desarrollo de la actividad agrícola desde los orígenes de ésta en el Neolítico. En muchas sociedades es, de hecho, la artífice del nacimiento de la agricultura y la ganadería.

Relegada a un segundo plano, la postal del trabajo agrícola ha sido tradicionalmente la del campesino tras una yunta de bueyes y un arado y otros tópicos reales, pero parciales, porque ocultaban o minimizaban el papel de las mujeres en la siembra, recolección, el procesado y la comercialización de los productos del campo, tareas sin las cuales la subsistencia de las familias no hubiera sido posible.

Por tanto, sin duda, la finalidad de este concurso resultaría de gran interés para muchos fotógrafos. Y digo resultaría porque, en su afán por reforzar su reivindicación pluscuamfenimista, los responsables de la Conselleria únicamente dejan participar a las del sexo femenino (¡y solo a las residentes en entornos rurales!).

El mensaje subliminal que se transmite con semejante majadería es el de que para asegurar que una mujer pueda ganar un concurso de fotografía no han de poder participar fotógrafos varones. Un disparate monumental, porque desde el desarrollo de la fotografía como fenómeno artístico y documental en el siglo XIX ha habido y hay fotógrafas excelsas. La fotografía es, precisamente, un mundo en el que la igualdad ha alcanzado cotas muy por encima de la lograda en otras facetas del arte.

Otro de los mensajes que se manda a la sociedad balear con esta convocatoria es incluso todavía peor que el anterior, y es el de que la mirada de concienciación de los hombres sobre el minusvalorado trabajo de las mujeres no interesa lo más mínimo a nuestros dirigentes. Vamos a excluir de las políticas de igualdad a los varones porque para alcanzar dicha igualdad no necesitamos su participación. Ese es el razonamiento.

¿Qué será lo siguiente? Pues quizás que se exijan requisitos ideológicos en las mujeres participantes. Todo se andará.

Llevar las cosas a tales extremos no fomenta precisamente el mensaje de igualdad plena de mujeres y hombres, sino que provoca el hartazgo de la sociedad en su conjunto. Por supuesto que es muy interesante analizar la mirada de las mujeres sobre su propio papel en el mundo rural, pero exactamente igual que la de los varones sobre dicho mundo, así como el de las mujeres que viven en las ciudades -también excluidas del concurso-, que tal vez conozcan poco y del que puedan descubrirnos nuevos ángulos.

Probablemente es más reveladora la mirada de quien -hombre o mujer- no pertenece a un determinado entorno que aquella otra de quien está acostumbrada e inserta en él. Todos somos mejores observadores cuando viajamos que cuando tratamos de describir nuestro barrio.

Quizás, a la postre, descubramos que entre las miradas de unas y otros no hay tanta diferencia y que, si la hay, es solo como consecuencia de los matices que, afortunadamente, singularizan a todos los seres humanos.

Algunos creen que se puede forzar la conciencia de la sociedad acelerando su transformación a golpe de boletín oficial. Cierto es que los adultos evolucionamos a lo largo de nuestras vidas y que la percepción de las cosas que teníamos de más jóvenes se modula y matiza con el paso de los años. Nuestra mirada cambia, pero son las nuevas generaciones aquellas que nacen y se crían con una visión ya muy distinta a la nuestra. Tratar de domesticar la sociedad desde el poder político es un error que acarrea rechazo y que incurre en situaciones absurdas y ridículas como el de este concurso financiado con fondos públicos y reservado a determinadas mujeres.

Solo me pregunto cómo pretenden lograr la igualdad real si se empeñan en meternos a todos en compartimentos estancos.

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