Bien está que desde la Conselleria de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca que dirige el conseller Vicenç Vidal se defienda la necesidad de acabar con todas las cabras de Es Vedrà a tiro limpio. Bien está que se argumente que capturar a los animales vivos es costoso y peligroso para el personal que tuviera que hacerlo. Bien está que se esgrima que las cabras son animales nocivos y perjudiciales para la biodiversidad de un ecosistema tan vulnerable como el del islote mágico. Pero parece que el Govern de les Illes Balears en boca de su directora general de Espacios Naturales y Biodiversidad del Govern balear, Caterina Amengual, está determinado no solo a actuar de un modo que muchos ciudadanos no comprenden y critican porque entienden que es cruel con los animales, sino también a acallar las voces criticas.
Que Amengual se atreva a hacer reproches al PACMA incluso en un comunicado de prensa es algo que raya la indecencia política
Solo así se comprende que en la reunión que mantuvieron representantes del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA) con Amengual, esta cuestionase su postura dado que hasta ahora no se habían preocupado por la situación de las cabras de Es Vedrà. Que Amengual se atreva a hacer reproches al PACMA incluso en un comunicado de prensa es algo que raya la indecencia política.
El Govern sabe que son miles los ciudadanos escandalizados con su proceder, agravado porque proviene de un partido que se denomina ecologista y en teoría sensible con los derechos de los animales. Por eso no puede pretender silenciar las voces discrepantes y culparlas de las consecuencias de sus decisiones.
Los responsables de optar por sacrificar a todas las cabras del islote deben cargar con el peso de su decisión. Lanzar acusaciones contra las organizaciones que critican el método empleado para acabar con la actuación destructiva de los bóvidos sobre la flora endémica de Es Vedrà, culpándoles del revuelo originado, solo contribuye a agravar más la situación porque desnuda a unos gobernantes que no solo pretenden que todo el mundo aplauda sus decisiones, sino que señalan a quienes no lo hacen de una forma obscena y perversa, impropia de personas con un mínimo sentido de la democracia.







