El devenir y la restauración de este edificio emblemático ubicado junto a la Plaça d'Espanya de Palma acaba de ser recogido en el libro L'edifici Términus. Història i recuperació del patrimoni ferroviari, que fue presentado la pasada semana por el gerente de SFM, José Ramón Orta; el arquitecto que ha dirigido al equipo encargado de la rehabilitación, Martí Lucena; la responsable del archivo de SFM, Pamela Natalí Acosta, y un representante de BIGAS, Jordi Batllori, que ha sido la empresa encargada de ejecutar la reforma y de patrocinar la edición del libro.
El citado volumen, que ha sido promovido por SFM y por Ferrocarril 150 Anys Mallorca, nos cuenta la intrahistoria de este inmueble, desde su construcción entre 1913 y 1914 hasta su reciente rehabilitación y su reapertura en diciembre del pasado año. Desde entonces, el edificio Términus acoge la sede corporativa de SFM, un centro de control y mando dotado con tecnología avanzada, espacios abiertos a la ciudadanía y la cafetería Términus.
A través de cuatro capítulos, L'edifici Términus. Història i recuperació del patrimoni ferroviari combina el relato histórico con la explicación técnica de las actuaciones que han hecho posible la recuperación del Términus para la ciudad de Palma. Uno de los elementos destacados de esta intervención global ha sido el acondicionamiento del refugio antiaéreo que había sido habilitado en el sótano durante la Guerra Civil, que se encontraba en muy mal estado.
CAMINOS DE HIERRO

El primer capítulo del libro, titulado 'El ferrocarril en Mallorca: un recorrido histórico desde los orígenes hasta hoy', ha sido redactado por Pamela Natalí Acosta, quien nos recuerda que el impulso definitivo para la llegada del tren a la isla se produjo en el último tercio del siglo XIX. Sería decisiva, en ese sentido, la publicación en 1871 del trabajo Estudios sobre la posibilidad económica de establecer un camino de hierro de Palma a Inca, redactado por el ingeniero mallorquín Eusebi Estada (1843-1917).
Ese trabajo contribuyó de manera decisiva a que un grupo de accionistas isleños decidiera crear en 1872 la Sociedad del Ferrocarril de Mallorca, que sería la encargada de hacer realidad aquel anhelo originario. Así, apenas tres años después Palma pasó a contar ya con su primera estación ferroviaria, que se levantó junto a la Plaça d'Espanya, que es donde se ubica también hoy la actual Estación Intermodal. Sería en aquella decimonónica estación originaria en donde el 24 de febrero de 1875 se inauguraría la línea Palma-Inca, que sería la primera ruta ferroviaria mallorquina.
A partir de aquel momento se iniciaría, además, una etapa de expansión, en especial tras la fusión en abril de 1876 de la Sociedad del Ferrocarril de Mallorca y de la Compañía de los Ferrocarriles del Centro y del Sudeste, que daría lugar al nacimiento de la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca. Acosta también recuerda en el libro que en 1877 entró en funcionamiento una infraestructura "clave" para asegurar el flujo comercial de la isla: "la línea exclusiva de mercancías que enlazaba la estación de Palma con su puerto". Los siguientes hitos fueron la prolongación de la línea Palma-Inca hasta Sa Pobla y Sineu en 1878, y la llegada a Manacor un año después. Paralelamente, en los años posteriores se pusieron en marcha las líneas Palma-Felanitx, Palma-Santanyí y Manacor-Artà.
DOS SIGLOS
Con independencia de todas esas actuaciones de la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca, "en 1891 comenzó su actividad la Sociedad Mallorquina de Tranvías", que operó con tracción animal en Palma hasta 1914, año en que este servicio se modernizó y se constituyó la Sociedad General de Tranvías Eléctricos Interurbanos de Palma. Por otro lado, en 1904 se fundó la compañía Ferrocarril de Sóller, con el objetivo de comunicar Sóller con Palma. La estación que iba a cubrir esa línea específica se construyó a unos pocos metros de la otra estación que ya existía, si bien ambas eran y siguen siendo todavía hoy completamente independientes. "La línea se inauguró en 1912 y, un año más tarde, entró en funcionamiento el tranvía hasta el Puerto de Sóller", explica Acosta.

En aquella época, la aparición de los vehículos a motor y la progresiva generalización del uso de coches y de autobuses, supuso no sólo "una auténtica transformación del sistema de transportes", sino también un duro golpe para la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca, en especial a partir de los años treinta. Esa crisis se iría acentuando en las décadas posteriores, por lo que a mediados de los años sesenta, "el Estado tomó el control definitivo de la red, iniciando la etapa de Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE)". Empezó entonces una nueva etapa, con el progresivo cierre y desmantelamiento de la práctica totalidad de las líneas ferroviarias de la isla, quedando a partir de 1981 ya sólo una única ruta centenaria en funcionamiento: la línea Palma-Inca.

Baleares asumiría las competencias ferroviarias en 1994, por lo que la gestión en este ámbito pasó de la FEVE a la empresa pública SFM, dependiente del Govern. Desde entonces, el Ejecutivo autonómico "ha impulsado un ambicioso proceso de modernización de infraestructuras y material móvil, mejora del servicio y refuerzo de la seguridad". En este contexto, cabe recordar que en marzo de 2007 se inauguró la mencionada Estación Intermodal y que un mes después lo hizo el renovado Parc de ses Estacions, tras el soterramiento previo de las líneas del tren de la antigua estación decimonónica palmesana. Fue también en abril de 2007 cuando entró en funcionamiento allí la primera línea de metro con que contó la capital balear.
MEMORIA URBANA
El segundo capítulo de L'edifici Términus. Història i recuperació del patrimoni ferroviari, titulado 'El Términus: edificio complementario de la estación de ferrocarril de Palma', ha sido redactado por Pau Cavaller y por María Apolonia Fuster. Ambos recuerdan, en primer lugar, la importancia de la figura de Eusebi Estada como ingeniero en la Mallorca que se irá transformando entre los siglos XIX y XX. "Sus líneas ferroviarias, pero también carreteras, puentes y faros, son el rastro material de una modernización que no fue automática ni inevitable, sino proyectada, defendida y ejecutada con persistencia", resumen.
Uno de los últimos encargos que recibió Estada por parte de la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca fue, en 1912, el diseño de un edificio complementario a los dos ya existentes entonces en la antigua estación de Palma. El nuevo inmueble tuvo un coste global de 91.806,56 pesetas —551,89 euros al cambio— y estuvo completamente construido en 1914. Dicha edificación contaba con un restaurante con dos comedores en su planta baja y con un humilde hotel para posibles viajeros en su primer piso, con un total de 20 habitaciones. Este establecimiento sería denominado inicialmente Hotel Ferrocarril, designación que sería sustituida en 1930 por la de Hotel Términus.

En el tercer capítulo del citado libro, titulado 'El edificio Términus en el siglo XX e inicios del XXI', Cavaller y Fuster explican que tras varias décadas de éxito público y de reconocimiento, a partir de 1970 la prensa empezaría a referirse a este establecimiento como Hostal Términus, "una denominación que evidenciaba un descenso de categoría y de servicios". En cierto modo, fue también entonces cuando se inició un periodo de progresiva decadencia, que culminaría en 2019 con el cierre del Hostal Términus, tras 105 años de funcionamiento ininterrumpido de este espacio. Pese a ello, "su historia había dejado una impronta profunda en la memoria ferroviaria y urbana de Palma", lo que dejaba la puerta abierta para una hipotética futura rehabilitación de todo el edificio, como así sucedería finalmente.
LA RECUPERACIÓN
El cuarto y último capítulo del libro, titulado 'La recuperación del edificio del Hostal Términus', ha sido preparado por Martí Lucena, Marina Ramisa, Pamela Natalí Acosta, María Luisa Ruiz, Pau Cavaller y María Apolonia Fuster. En ese capítulo se detalla que el edificio Términus fue declarado Bien Catalogado en 2007, que SFM convocó un concurso en 2019 para encargar la rehabilitación integral del inmueble con el objetivo de adaptarlo a unos nuevos usos y que las obras se llevaron a cabo entre 2024 y 2025.

Lucena y Ramisa destacan que todas las actuaciones en este edificio se hicieron siguiendo los criterios generales establecidos hoy en el ámbito de la conservación y la restauración, es decir, "mínima intervención, máximo respeto hacia el original, conocimiento de las causas de degradación, legitimidad del bien y estabilidad, compatibilidad y reversibilidad de los materiales nuevos". En cuanto al mobiliario, si bien fue mayoritariamente renovado, al mismo tiempo se conservaron y restauraron algunas de las piezas singulares que había en el inmueble, como armarios, sofás, espejos y un piano, "quedando como testigos de lo que fue durante años el Hostal Términus".

El libro L'edifici Términus. Història i recuperació del patrimoni ferroviari recoge, en definitiva, la historia de una transformación y de un esfuerzo colectivo, lo que demuestra que "cuando existe voluntad", es posible dignificar los espacios que forman parte de la identidad isleña, tal como recalca el gerente de SFM en el prólogo de este excelente volumen. "El Términus —escribe José Ramón Orta— vuelve, por fin, a Mallorca. Larga vida al tren".





