Mallorcadiario.com

El marco circunstancial de la IA (II)

Al celebrar la caída del Muro de Berlín, un 25 de diciembre de 1989, Leonard Bernstein quiso dirigir la Novena de Beethoven en el Schauspielhaus de Berlín. Quiso hacerlo con músicos de ambos lados y así subrayar la libertad y la unidad ganadas, aspiración colectiva del momento. Para ello modificó la famosa ‘Oda a la Alegría’ de Schiller en la Novena --‘Freude’ (Alegría) por ‘Freiheit’ (Libertad)-- y se convirtió en ‘Oda a la Libertad’, que es como se titulaba originalmente, antes de ser censurada.

Aquel concierto significó un momento estelar y eminente del Mundo entero, de Europa, de Alemania y de Berlín. Momento que encuentra su explicación en el pasado muy tenebroso vivido. Con la caída del Muro, con la llegada del fin de la Guerra Fría, con la derrota del comunismo y el autoritarismo frente a la libertad (cf. Roberto Benito, Réquiem por Europa … en “El Mundo”, 12.01.2026), aquel concierto simbolizó un futuro de optimismo, de ilusión y de paz. Aparecían, por fin, las circunstancias que facilitarían el progreso y el bienestar, la calidad de vida y el desarrollo social. El mundo bipolar se torna, al menos aparentemente, en una única potencia dominante, Estados Unidos.

En ese marco, la globalización experimentaría un gran desarrollo. Se generaron importantes riquezas y se crearon grandes mercados. El Tratado de la Comunidad europea del carbón y del acero (Paris, 1951) se transformó en la Comunidad económica europea mediante el Tratado de Maastricht (1992). Todo idílico y maravilloso. En último término, siempre estaría Norteamérica para arreglar cualquier descarrilamiento posible.

Sin embargo, con el tiempo surgieron ciertas alarmas y el sueño inicial empezó a verse alterado hasta llegar a la situación presente: convertirse en auténtica pesadilla. No se supieron detectar o, lo que es peor, no se quiso reflexionar sobre las probables consecuencias de lo que aparecía en el horizonte. En contra de la propia doctrina (libertad) y los valores que inspiraron su fundación, Europa se permitió el lujo de acallar, o no querer escuchar, algunas voces proféticas. Por incomprensible que pueda parecer, no se supo valorar que Rusia, a pesar de su deterioro, seguía en pie, ni que el comunismo, lejos de haber sido derrotado, había mutado en neocomunismo (aparente progresismo) a fin de llegar al poder en las democracias liberales y que, por añadir una referencia más, Cuba y Venezuela generarían una gran preocupación para Norteamérica. Pero, sobre todo, no se vio que China aspiraba a ser la alternativa al orden liberal vigente o que Norteamérica podría poner sobre la mesa un rotundo hasta aquí hemos llegado, se acabó la fiesta. ¿En qué fundaba Europa la subsistencia indefinida del statu quo de su defensa? ¿No fue, más bien, una actitud de cómodo y egoísta voluntarismo?

Europa, en efecto, siguió mostrándose insolidaria, regodeándose por formar parte del equipo ganador (pura simulación para ingenuos o egoístas) y dedicando lo que generaba al dudoso ‘estado del bienestar’, a sostener una innecesaria y cada día más mastodóntica administración funcionarial, a ‘la ruinosa transición a las energías verdes’ y a la contestada ‘Agenda 2030’. Sólo se pensaba disfrutar del aparente bienestar, de la prosperidad y la paz, de la armonía y la unidad. Y, una vez más, Europa se verá, a no tardar, sorprendida y enfrentada a una muy cruel realidad: la guerra en la propia casa y el nuevo orden mundial, que se diseñaba a sus espaldas.

En un tiempo anterior a la última aparición de Trump, en concreto a partir del año 2000, “de la geopolítica tradicional, recuerda Álvarez-Pallete, surge una revolución tecnológica que básicamente es la confluencia de dos grandes fuerzas: el móvil e Internet. De repente la web se vuelve bidireccional. Ya no sólo se pueden consultar cosas en la red, sino que se pueden subir cosas a la red. Surge el mundo de las grandes plataformas digitales que empiezan a desbordar el contrato económico actual, o que existía en aquel momento, y empiezan a generarse unas economías de escala brutales, desconocidas hasta ese momento”.

El 2024 fue el año de la inteligencia artificial (ChatGPT). Todo, por su supuesto, sin la participación de Europa, que está posicionada como asombrada espectadora de la revolución tecnológica norteamericana y china. Mucha retórica pero Europa sólo concentra el 5% de la capacidad computacional mundial, frente al 75% de EEUU y el 10-15% de China. ¿Qué cabe esperar de tan apabullantes cifras? ¿Cómo corregir o pasar de ser mera consumidora a productora de IA? ¿Está en condiciones de abordar la financiación de la innovación necesaria? ¿Cómo poner en marcha una industria propia de defensa, generadora de plusvalía?

En cualquier caso, creo que se ha de reconocer que la situación europea actual es preocupante. Demasiados frentes abandonados o mal orientados, que urge reorientar. Creo que es válida esta valoración: El retraso de Europa en la carrera de la Inteligencia Artificial, una infraestructura estratégica comparable a la energética o la militar, pone en jaque no ya su crecimiento económico o su competitividad industrial, sino los propios cimientos de su modelo democrático. La creciente brecha tecnológica entre la UE y potencias como Estados Unidos y China entraña un riesgo directo tanto para su seguridad como para la sostenibilidad de su Estado del bienestar, el pilar que garantiza la defensa de sus valores y libertades” (Editorial de “El Mundo”, 17.11.2025). ¡Vaya panorama!

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias