Con la incertidumbre de presentar una ópera transgresora y diferente, pero con la tranquilidad que aporta el trabajo bien hecho, el Orfeó Maonès presentó este viernes en el Teatre Principal de Maó "La Bella Helena".
Ya en los primeros compases de la obra se vio que la conexión con el público iba a funcionar y la representación sería un éxito. El público menorquín es siempre agradecido y sabe apreciar los detalles, sobre todo cuando éstos hacen alguna referencia a la isla. Por eso la risa fue generalizada cuando el telón descubrió unos curiosos monumentos megalíticos, propios de la cultura "falayótica", o cuando Agamenón, Aquiles y compañía querían jugar una partida de "truc" botella de gin en mano.
Pronto se rompió la barrera de la cuarta pared escénica y el público, entregado, disfrutó de lo lindo. Los cómicos textos de la obra, traducidos al catalán por Damià Borràs, ponían una y otra vez la sonrisa en las caras de los asistentes, y la música, conducida con solvencia y maestría por Juanjo Mercadal, fluía con total naturalidad.
Nacho García, el director escénico de la obra, señalaba en la rueda de prensa de presentación que en este tipo de óperas era difícil acertar con la figura del cantante-actor. "A veces tienes muy buenos cantantes que son malos actores, y otras te encuentras con buenos actores que no saben cantar", decía, "pero en este caso creo que el equilibrio es el exacto". Y así lo demostraron, por ejemplo, los protagonistas Maria Camps y Vicenç Esteve, quienes a su innegable y conocida calidad vocal hay que sumar una capacidad increíble para encontrar la comicidad justa en cada situación. Ambos formaron un binomio insuperable.
Extraordinario también estuvo el ciutadellenc Toni Riudavets en su papel de Menelao. El "cornudo" más famoso de la antigua Grecia, es un monstruo sobre las tablas, domina la comedia como nadie y bastó su primera intervención en escena para ponerse a todo el público en el bolsillo.
Solventes y acertados se mostraron también Rubén Martí en su papel del rey Agamenón y Joan Taltavull con su histriónico Calchas, el augur de Júpiter.
Todos ellos estuvieron perfectamente acompañados por el resto de reparto de comprimarios. La sensual y divertida Bacchis de Alicía Coll, las pícaras Partenis y Leana de Adriana Aguilar y Lola Navarro, el feroz Aquiles de Toni Bagur, los inseparables reyes gemelos Ajax de Toni Seguí y Roger Villalonga, el irreverente y vividor Orestes de Camila Tudurí o los divertidos Manolo Obrador y Manel Navarro haciendo de Filocom y Euticles.
Capítulo a parte se merece el coro. Su trabajo durante estos últimos meses bajo la dirección de la joven Marina Pons ha sido encomiable. Horas y horas de ensayo y sacrifico que se vieron recompensados en su brillante actuación.
Sin ser coro especializado en representaciones operísticas, su presencia en el escenario fue dinámica y participativa, convirtiéndose en otro personaje más de la obra, algo que siempre se pide (y pocas veces se consigue) en los coros amateurs. Fueron solventes en el plano vocal y el apoyo perfecto para el resto de las voces protagonistas. Gran parte del éxito de "La Bella Helena" es gracias a ellos.
Otro elemento importante fue la presencia de las bailarinas de la escuela de ballet Ute Dahl. Perfectamente dirigidas por la coreógrafa Janine Dahl, todas ellas supieron poner el punto picante y sensual imprescindible para dar sentido al toque transgresor que los directores Nacho García y Aurora Cano quería dar a la obra.
A todo ello hay que sumar el gran trabajo realizado por Juanjo Mercadal desde el foso. El conductor mahonés, todo un lujo para el Orfeó, supo sacar el máximo partido a su orquesta y dirigir con ritmo y acierto a protagonistas y secundarios. Mercadal es, sin duda, otro de los grandes responsables de la hazaña del Orfeó.
Sería descortés olvidarse de todos los que también trabajan desde las sombras para tirar adelante proyectos de esta envergadura. Àngels Pons, Óscar Amieva, Santi Capó, Cristina Garriga, Eva Mercadal, Lluís Reynés, Pere Fiol, Frans Mercadal, Alex Scherer, Marlén Coll, son algunos de los nombres propios sin los cuales nada de esto habría sido posible. También el grupo de figuración del Orfeó merecen su reconocimiento.

Por todo esto sin duda es imposible de realizar sin alguien verdaderamente decidido a llevarlo a cabo. Y ese es el actual presidente del Orfeó Maonès, Nito Mercadal. La Bella Helena es para él un reto personal cuya puesta en escena lleva proyectando desde hace más de una década. Fue al descubrir la obra a principios del año 2000 cuando Mercadal tuvo la idea de llevarla a cabo en Menorca. "Hubo un primer intento hace unos años, pero finalmente el proyecto no fructificó, realizar algo de esta magnitud necesita de la implicación de mucha gente, también de las administraciones y desgraciadamente no se pudo llevar a término", señala el presidente. "Sólo una cosa tenía clara desde entonces: el papel de Helena debía ser para Maria Camps".
Mercadal se hizo con los derechos de la obra, con su producción y la adaptación al catalán creada por Damià Borràs y la guardó hasta que encontró el momento exacto para ponerla en escena. Y nada mejor que el 125 aniversario de una institución como el Orfeó Maonès para que así fuera.
Este próximo domingo todos ellos volverán a subirse al escenario del Principal. Aún quedan entradas. No se lo pierdan.








