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El PSOE es el partido más votado, pero empata en poder institucional

martes 28 de mayo de 2019, 01:00h

Hemos empezado a valorar los resultados electorales de una doble forma: por un lado, leemos el apoyo obtenido por cada fuerza política, pero, por otro, lo comparamos con las expectativas que se planteaban. En este segundo sentido, puede afirmarse que ni el PSOE ni los partidos de la oposición han logrado sus objetivos.

Pedro Sánchez repitió en la pasada campaña que su objetivo era conseguir suficiente poder institucional para consolidar la gobernabilidad socialista desde la Moncloa. No lo ha logrado plenamente. La causa principal ha residido en el desastre sucedido con Podemos, su previsible socio en ayuntamientos y autonomías. Solo en los casos en que el PSOE ha obtenido mayoría absoluta, como en Castilla-La Mancha, puede decirse que proyecta su apoyo nacional. Pero el desastre de Podemos no solo afecta por su radical pérdida de votos sino también por sus divisiones políticas, algo que en Madrid ha sido decisivo para provocar la derrota de la izquierda.

Por su parte, Pablo Casado ha planteado estas elecciones como una segunda vuelta de las generales donde tendría lugar la remontada del PP. Tampoco ha conseguido plenamente ese propósito. Es cierto que el PP no ha seguido perdiendo votos como podría haber sucedido y, en tal sentido, puede decirse que ha resistido ante un eventual vendaval político. Sobre todo, tomando en consideración lo sucedido en Madrid, donde es previsible que el PP presida la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid.

Por eso, en términos de expectativas, aunque el PSOE haya sido el partido más votado puede hablarse de un empate estratégico en clave de poder institucional. Y eso tiene consecuencias de considerable magnitud. En primer lugar, el PSOE está más obligado a seguir una política autónoma, que tiende a un gobierno que se apoya en diferentes opciones (la famosa geometría variable), dado que las dificultades de Podemos le hacen un acompañante poco deseable. Esa fórmula de gobierno monocolor, que era la preferida por Sánchez, ahora es más bien una opción obligada.

Por otro lado, el empate estratégico permite al PP superar el vértigo que le suponía la posibilidad de dejar de tener el liderazgo de la oposición, tanto por pérdida abrumadora de votos como por un hipotético sorpaso por parte de Ciudadanos. Ninguna de ambas cosas ha sucedido y el peso político del PP de Casado ha resistido la difícil coyuntura.

Esta situación pone a Ciudadanos ante una encrucijada endiablada. Tiene que elegir entre dos opciones excluyentes: a) mantiene el cordón sanitario al sanchismo y pacta en todas las comunidades y ayuntamientos con el PP para debilitar al Gobierno nacional, b) muestra su capacidad de bisagra, pactando con el PSOE o el PP dependiendo de las necesidades locales. Esta decisión no sólo tiene importancia táctica a corto plazo, sino que la tiene a nivel estratégico. Si elige la primera opción, será imposible no escorarse hacia la derecha y sobre todo ser percibido así por la ciudadanía, que no está claro que busque una sustitución del PP en términos de fuerza política de derechas. Saben en Ciudadanos que el arte consiste el superar al PP pero sin perder su naturaleza de partido liberal y de centro. Pero podría suceder, como en otros países europeos, que los partidos liberales o de centro mantengan su papel de bisagra, fundamental para componer gobiernos estables, pero teniendo un cauce electoral menor que el de los partidos tradicionales conservadores o socialdemócratas. El perfil del futuro Ciudadanos puede empezar a fraguarse en la política de pactos en las próximas semanas.

El análisis cambia apreciablemente cuando se examinan las elecciones europeas. La victoria del PSOE ha sido potenciada por el cabeza de lista, Josep Borrell, que ha obtenido más votos, en términos relativos, que los obtenidos por el propio Sánchez en las generales. Un fenómeno que también ha sucedido en el PP, que ha aumentado cuatro puntos respecto de las generales, mientras Ciudadanos ha crecido como estaba previsto. El europeísmo español reforzará sensiblemente el europeo que sigue siendo cualitativamente mayoritario. Es cierto que conservadores y socialdemócratas han perdido la mayoría absoluta, pero con la suma de liberales y verdes, las fuerzas europeístas superan los dos tercios del Parlamento europeo. Finalmente, aunque la llegada de los secesionistas catalanes resulta mínima en sentido numérico, habrá que ver como se traduce eso en términos simbólicos, dado que es poco probable que tanto Junqueras como Puigdemont consigan efectivamente su acta de parlamentarios.

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