La imputación de un expresidente del Gobierno de España constituye, por sí sola, un hecho de extraordinaria gravedad institucional. Que la Audiencia Nacional cite como investigado a José Luis Rodríguez Zapatero por presuntos delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental relacionados con el rescate de la aerolínea Plus Ultra sitúa a España ante un escenario inédito y profundamente inquietante. Más aún cuando la investigación nace de una actuación impulsada por la Fiscalía Anticorrupción y ha derivado en registros policiales, informes de la UDEF y un auto judicial minucioso y de enorme dureza.
Pero si preocupante resulta la situación judicial del expresidente socialista, todavía más alarmante es la reacción de su partido. El PSOE no ha optado por la prudencia, la cautela o el respeto escrupuloso a la actuación judicial. Ha decidido cerrar filas con Zapatero de manera casi militante, denunciando supuestas persecuciones políticas y apelando a sus logros históricos para tratar de blindarle políticamente.
El PSOE no ha optado por la prudencia, la cautela o el respeto escrupuloso a la actuación judicial. Ha decidido cerrar filas con Zapatero de manera casi militante
Durante años, el socialismo español ha sostenido que la gran diferencia entre izquierda y derecha no era la existencia o no de casos de corrupción —porque lamentablemente ninguna formación ha estado libre de ellos— sino la forma de reaccionar ante los escándalos. El PSOE presumía de contundencia ética, de ejemplaridad y de intolerancia frente a cualquier sospecha. Sin embargo, el comunicado difundido tras la imputación de Zapatero desmonta por completo ese relato.
En esta ocasión no hay contundencia, ni respeto por la investigación judicial, ni exigencia de explicaciones públicas a quien fue secretario general del PSOE y actualmente una persona muy relevante en el partido y muy próxima al presidente Pedro Sánchez. Lo que existe es una defensa cerrada, fanática e irracional; y una predisposición a desacreditar implícitamente la actuación judicial.
Resulta extremadamente atrevido poner la mano en el fuego por alguien al que un juez sitúa en una posición judicial tan comprometida. Más todavía cuando las acusaciones no son menores, sino que afectan presuntamente al uso de influencias políticas y a operaciones económicas vinculadas al dinero público.
La presunción de inocencia debe respetarse siempre. Naturalmente también para Zapatero. Pero la presunción de inocencia no obliga a un partido político a actuar con una complicidad tan llamativa. El PSOE haría bien en recordar que defender institucionalmente a un expresidente investigado por corrupción no fortalece su credibilidad. La debilita. Y mucho.

