La fuerza del equipo

Confieso sin pudor que no soy aficionado al mal llamado deporte rey, porque siempre he visto sobrevalorada la ascendencia social de un grupo de adolescentes con ínfulas. Apenas comprendía la relación entre la desbordante pasión de una afición por el equipo que lleva los colores de un territorio, pero que suele adolecer de una plantilla autóctona y, con frecuencia, en manos de un presidente y directiva foráneas, muchas veces mercantilista y siempre alejados del mecenazgo. Es más, el fútbol me parecía, como a Marx la religión, el opio del pueblo. Un colectivo que distraía sus dificultades liberando sus fantasmas desde la grada, emulando el archiconocido “panem et circenses”, del poeta romano Decimo Junio Juvenal.

Se le atribuye al Rey Jorge III una cita célebre: “Si todos los demás tienen una opinión y yo tengo otra, lógicamente soy yo quien debe de estar equivocado…”. El dilema me llevó durante mucho tiempo a conclusiones contrapuestas, sobre todo cuando la confrontación entre equipos se diluía en el combinado nacional. Algo así como cuando viajas al extranjero, que saludas con efusividad a un paisano, al que ni siquiera mirarías si te lo cruzaras por la calle de tu ciudad. Conmigo los operadores que hubieran adquirido los derechos televisivos de la Liga de Fútbol Profesional, o de cualquier otra, a buen seguro que cerraban, tanto por la falta de audiencia, como de espectadores que hagan de figurantes en las retransmisiones. Es imposible olvidar el efecto que causaban los estadios durante la pandemia, con muñecos o imaginativas lonas supliendo la falta de público, pero sin sonido ambiental.  Aun así, cuando “la roja” compite, aunque haya triunfado más el merchandising blanco de la selección española, me siento ante la pantalla, acompañado de los siempre más dinámicos argumentos radiofónicos, para confiar en una victoria que aumente nuestro orgullo nacional y convenza al común de los mortales de que unidos somos más capaces de tocar el cielo.

Nunca he dudado de la importancia capital del Art. 2 y el ´Título VIII de la Constitución, donde se detalla la Organización Territorial de nuestro país, aunque no hayamos desarrollado el proceso de descentralización con la eficiencia que perseguía el Estado autonómico. El feudalismo, la mezquindad, los intereses partidistas y la pluralidad geográfica, social y económica de las regiones han provocado una centrifugación de la gestión, cargada de megalomanía y despilfarro. Pero, sobre todo, una dispersión del sentimiento de pertenencia, acrecentado por la manipulación de los símbolos comunes y los valores compartidos. Mientras los legisladores se veían chantajeados por la reducida presencia nacionalista en las Cortes, los barones locales trataban de arrimar las ascuas a su sardina, buscando ser la cabeza de un débil ratón, en lugar de fortalecer la capacidad de un león formado entre todos.

En el jardín de mi casa, se yergue un mástil en el que ondea todo el año la enseña rojigualda. En algunas charlas de café he llegado a comentar que tengo la sospecha de que si, en su lugar, pusiera la zamarra del equipo español, tendría más comentarios, pero menos críticas. Es como la exhibición tradicional de simbología religiosa en los balcones de cualquier urbe durante las fiestas patronales, pero que se guarda en alcanfor durante el resto del año. Es triste y penoso que hayamos llegado a ese punto de polarización, que debamos ocultar en las catacumbas lo que nos representa a todos, porque hayamos dejado que venza en la opinión pública lo que nos separa, en lugar de lo que nos haría más fuertes, coordinados en la riqueza compartida.

Queda claro que no soy el más indicado para elogiar los méritos deportivos de Luis de la Fuente y de los 26 jóvenes que han ganado la Copa del Mundo FIFA 2026, cubriendo de una constelación estelar nuestro escudo, pero sí debemos valorar todos, el resultado del esfuerzo personal y la capacidad colectiva que ha provocado trabajar en equipo. En un conjunto donde hay grandes futbolistas, de diferentes procedencias y jugando en distintos equipos y países, algunos han merecidos distinciones individuales, pero sabiendo que ninguno habría llegado tan lejos sin el concurso de todos sus compañeros.

Al concluir el campeonato y recibir el trofeo de su condición de “Reyes del Mundo”, algunos jugadores se envolvieron con la bandera de su Comunidad. Los emblemas de Extremadura, Cataluña, Andalucía, Canarias o Comunidad Valenciana simbolizaron la diversidad que ha sobrevivido a la historia de España, pero con un elemento común que nos hizo alcanzar un sueño, del que no debemos despertar ahora, porque divididos nos vencerán.

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias