No hubo milagro. El RCD Mallorca consumó este pasado fin de semana su descenso a Segunda División tras una temporada en el que los problemas extradeportivos han terminado con el regreso del conjunto bermellón a la categoría de plata tras un lustro entre la burguesía del fútbol español.
Ahora, el equipo se desmantelará malvendiendo a sus puntales y los patrocinadores, ya valorarán otras opciones, puesto que el foco mediático se verá notablemente disminuido. Y jugará en Segunda en un estadio con capacidad para 26.000 espectadores que no fue capaz ni llenar en la última jornada frente al Oviedo.
La debacle mallorquinista empezó en la Supercopa de España disputada en Arabia, donde la entidad perdió una oportunidad de oro para ganar sus tan ansiados ‘likes’ en las redes sociales. ¿Se imaginan que el club hubiera renunciado a jugar en tierras árabes? Sin duda, la noticia habría dado la vuelta al mundo. En cambio, la institución balear fue protagonista por el acoso sufrido y denunciado por sus escasos hinchas desplazados.
Desde entonces, cuesta abajo. Empezando por una vergonzosa eliminación copera por goleada ante un Pontevedra de tres categorías menos hasta completar una segunda vuelta en la que la renta lograda al inicio del campeonato resultó suficiente.
Durante el verano, el club apostó por la continuidad de un Maffeo que llegó a enfrentarse con los aficionados. Por otra parte, llegó un delantero sin experiencia en Primera División (Jan Virgili) como principal refuerzo.
En la tercera jornada, tras perder en el Bernabéu, estalló el ‘caso Dani Rodríguez’. El capitán fue suspendido de empleo y sueldo por unas duras declaraciones, si bien permaneció en el club hasta diciembre, cuando se marchó al Leganés. Durante esos tres meses, el vestuario acabó de erosionar.
Ni el cese de Arrasate, ni el fichaje de Demichelis ni tampoco la excepcional temporada de Muriqi han evitado el desastre. El kosovar ha sido el segundo máximo goleador del campeonato y ha superado el récord de Eto’o. Eso sí, durante su periplo en la isla, el camerunés ganó una Copa del Rey y llevó a los barralets hasta la Champions tras una tercera posición en LaLiga.
La afición mallorquinista tiene claro quiénes son los culpables del fracaso deportivo. Uno de ellos, es el director de fútbol, Pablo Ortells
Visto lo visto el pasado sábado en el recinto municipal de Son Moix, la afición mallorquinista tiene claro quiénes son los culpables del fracaso deportivo. Uno de ellos, es el director de fútbol, Pablo Ortells. El pasado mercado de invierno, el exdirigente del Villarreal tan solo reforzó al equipo con los desconocidos Luvumbo y Kalumba Jr, además del regreso de Jan Salas tras su cesión fallida en el Córdoba.
Otro de los señalados es Alfonso Díaz, un CEO que da clases de mallorquinismo. Curiosamente, ningún aficionado lo conocía antes de su llegada. Un profesional en lo suyo, pero con una nula empatía con los seguidores y la historia de la entidad. Alguien que nunca ha dado la cara por sus seguidores. Lejos quedan ya los tiempos de Mateu Alemany.
No hay que olvidar que ninguno de ellos, ni Ortells ni Díaz, acudió al Puerto de Palma a recibir a los aficionados desplazados a la final de la Copa del Rey en La Cartuja. Y eso que llegaron unas siete horas antes a la isla. Alguien tendría que haberles contado que Contestí, Beltrán y Reynés sí fueron a dar las gracias a los seguidores tras perder las finales de 1991, 1998 y 1999, respectivamente.
En la entidad, apenas hay trabajadores mallorquinistas. Hace una década, Maheta Molango se encargó de despedirlos tras bajar a Segunda División B. Porque conviene subrayar que los norteamericanos llevaron al club al semiprofesionalismo tras 37 temporadas consecutivas repartidas entre las dos máximas categorías del fútbol patrio.
Las gogós del día del Barça, la invasión de los hinchas béticos, el amistoso con Qatar, la fuga de talentos, el pasotismo con el filial, las multas del Comité Antiviolencia sin olvidar las cortinas de humos en caso de derrota, son algunos ejemplos de una propiedad y dirección a la que nunca le ha importado un mallorquinismo que se sonroja con más de un ‘tuit’ publicado por su Community Manager.
Lo del presidente Andy Kohlberg merece un capítulo aparte. El máximo dirigente ni habla castellano ni aparece en la foto oficial del equipo de esta temporada. Ni está ni se le espera.
Cabe recordar, que el RCD Mallorca tiene 110 años de historia. En los años setenta, el club estuvo a punto de desaparecer cuando militaba en una categoría no profesional. Entonces, aparecieron unos verdaderos mallorquinistas, encabezados por Miquel Contestí, para salvarlo.
No lo hicieron por negocio. Incluso, algunos llegaron a hipotecar sus propias viviendas. Evidentemente, los que mandan ahora ni lo saben, y lamentablemente, tampoco les importa. Para muchos, los yankees han actuado como si hubieran refundado un club que, sin ellos, ganó títulos, disputó finales y jugó 16 temporadas consecutivas en Primera División, además de participar en Champìons, Recopa, Copa de la UEFA e incluso Intertoto.
Y hablando de Contestí. Su homenaje llegó tarde, sobre todo teniendo en cuenta que le llegaron a quitar su plaza de parking. No hay que olvidar que los norteamericanos, no tuvieron el detalle (ni la educación) de invitar a la final de La Cartuja a las leyendas Joan Forteza –autor del primer gol del RCD Mallorca en Primera- y Julià Mir, primer mallorquín que jugó con los de rojo y negro en la élite.
Su obsesión por el marketing ha convertido a la entidad deportiva más importante de Baleares en un equipo de un parque de atracciones, donde el gasto en pirotecnia parece superar al invertido en fichajes. Cambiaron el alma barralet por los dimonis e, incluso, jugaron una temporada con una camiseta rojinegra en lugar de la roja. Mientras, en otras ciudades se organizan hasta manifestaciones para recuperar un escudo.
Muchos socios todavía esperan saber qué pasó con Robert Sarver, y su renuncia tras ser acusado por la NBA de conductas racistas, misóginas, acoso sexual y trato abusivo hacia sus empleados. Un tema que el club se quitó de encima con un breve comunicado, tal y como nos tiene acostumbrados.
Tras el descenso, Alfonso Díaz y Pablo Ortells aseguraron que quieren seguir en el club, sin tener en cuenta que Son Moix había estallado con gritos de “¡Directiva, dimisión!”. Por una vez, la propiedad tiene que escuchar a los aficionados, que son los que acuden al estadio sin importarles si el rival es el Real Madrid, el FC Barcelona, el Andorra o el Eldense.





