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El RCNP necesita cerrar una etapa y huir de polémicas

jueves 31 de octubre de 2019, 00:00h

Este jueves acaba la presidencia que durante ocho años ha ejercido Javier Sanz al frente del Real Club Náutico de Palma. Los 2.000 socios del club votan para elegir una nueva junta y un nuevo presidente en un proceso que debería haberse desarrollado con menos nervios y más transparencia que los producidos las jornadas previas.

Las prisas y los métodos para dejar el futuro del club 'atado y bien atado' han llevado al presidente saliente a declarar ante los socios que los planes de mejora para asegurarse la renovación por otros 20 años habían sido aprobados por el Ministerio de Fomento. Así lo comunicó formalmente el martes por carta a cada uno de los socios, apostando veladamente por la continuidad que representa la candidatura a presidente de quien es hoy en día su vicepresidente.

Autoritat Portuària tardó menos de 24 horas en hacer público un comunicado desmintiendo tal afirmación; un hecho inusual en este tipo de procesos que pone en evidencia a los gestores del club y proyecta una sombra de sospecha sobre su forma de actuar. La carta de Sanz a los socios -48 horas antes de la votación- habría sido la guinda a unas semanas frenéticas por parte de su equipo para movilizar el voto por correo en favor de la candidatura continuista; una candidatura que no ahonde en la gestión desarrollada durante los últimos años y evite auditorías como la de la Copa del Rey de Vela, cuya sola mención hizo "entrar en pánico" a los actuales gestores, según fuentes próximas al proceso electoral.

En el trasfondo de todo este asunto subyace la idea misma del papel que corresponde al Real Club Náutico: si debe mantener un carácter eminentemente deportivo y social o si, como ha ocurrido los últimos años, debe enfocarse principalmente a la captación de negocio. Ambas opciones no deberían ser antagónicas siempre y cuando todas las acciones emprendidas se desarrollen con total transparencia y sin temor a auditorías.

Por ello, lo más oportuno sería un cambio radical en la gestión de una institución tan importante para Palma y cuyo futuro dependerá de lo que la nueva junta haga en los próximos dos años, que es lo que queda de la actual concesión. El RCNP debería enfrentar su futuro con tranquilidad y transparencia, sin dejar que se pierda su carácter social y transversal, y sin promover una endogamia que, con otras caras, mantenga los mismos hábitos y la misma formar de actuar de la etapa de Sanz. Un cambio de aires.


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