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El timo del termostato

miércoles 10 de agosto de 2022, 10:54h

Hoy les propongo hacer un experimento. En primer lugar, quienes de ustedes tengan instalado en su domicilio o pequeño negocio un aparato de aire acondicionado deberán ajustar su termostato a los 27 grados centígrados mínimos que Pedro Sánchez ha decidido que es la temperatura que nos garantiza la soberanía energética de cara al próximo invierno, él sabrá por qué. Luego, busquen un termómetro de ambiente, preferentemente digital por aquello de la precisión, y anoten a intervalos regulares y a lo largo del día la temperatura real que marca. Imagino que no es para nadie ninguna sorpresa concluir que entre la temperatura que hemos establecido en el termostato y la que realmente se alcanza hay diferencias significativas, al menos de uno o dos grados.

Porque lo que el Gobierno no explica es que, salvo en el caso de contar con equipos muy potentes que producen un enorme flujo de aire y que están solo al alcance de grandes almacenes y similares, los aparatos ubicados en pequeños negocios enfrían el aire pero raramente llegan a la temperatura mínima a la que se tara el termostato, especialmente si estamos hablando de locales en los que hay trasiego de personas y mercancías que rompen el aislamiento y, además, producen calor.

Dicho de otro modo, por más que ustedes regulen el termostato de su climatizador a 27 grados, el aire ambiente no tendrá esa temperatura, sino una significativamente superior, a menos que trabajen o vivan ustedes en una pecera estanca. De manera que difícilmente van a poder sancionar a nadie si en realidad en el local la temperatura es más alta que la fijada por los expertos de Sánchez.

Y si el Gobierno sabe esto, ¿por qué diantre entonces amenaza con las penas del infierno a aquellos negocios que no fijen en sus termostatos los 27 grados mágicos que van a salvar al mundo occidental?

A Sánchez y a su equipo en realidad les importa un pimiento esta cuestión. Todo este gigantesco paripé tiene otra explicación. Se trata de que hablemos permanentemente de temperaturas y de sanciones para lograr que estemos lo suficientemente concienciados cuando Alemania deje de recibir gas ruso el próximo invierno y haya entonces que adoptar medidas extraordinarias debido a la inconsciencia e irresponsabilidad de los sucesivos gobiernos teutones -el de la idolatrada Merkel, el primero- por haber entregado hace décadas la primera industria de Europa al arbitrio de Rusia y sus caprichos con tal de aparecer ante el mundo como los más verdes y antinucleares del planeta.

Además, de esta forma el ejecutivo español podrá lavar ante la opinión pública su conciencia ecoloprogre cuando 'no le quede más remedio' que volver a activar las centrales térmicas de carbón -es Murterar ya está completamente preparada para la eventualidad-, o cuando se decida prorrogar la vida de las centrales nucleares en contra del parecer de los socios del gobierno amigos de Putin y de la China comunista.

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