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El vertedero urbano de Son Fuster

viernes 03 de mayo de 2019, 00:00h

El inmenso vertedero en que se convierte Son Fuster cada semana tras la celebración del mercadillo de los sábados pone de relieve la nula coordinación entre los diferentes servicios municipales que tienen competencias en el asunto y el incivismo de muchos de los que venden o acuden a este mercadillo.

Los lunes, las miles de personas que acuden al vecino polígono de Son Castelló encuentran la zona repleta de bolsas, cajas, latas, residuos de todo tipo que han dejado comerciantes y clientes del mercadillo. Al no recogerse, los restos se esparcen por los alrededores, provocando una imagen de suciedad y degradación muy poco edificante en pleno caso urbano de Palma. Emaya limpia una parte, pero argumenta que el control de la situación corresponde -normativa en mano- al Departamento de Mercados y a la Policía Municipal, de forma que la mayor parte de restos permanecen en la zona durante días.

La situación indigna a vecinos y empresarios de la zona, ajenos al reparto de competencias entre departamentos que pertenecen a una misma entidad como es el Ayuntamiento de Palma. El cumplimiento de los servicios públicos con diligencia y efectividad no puede verse comprometido por un argumento funcionarial de reparto de competencias. Es difícil que no suene a excusa. El refrán de "los unos por los otros, la casa sin barrer" cobra aquí todo el sentido, lo que no impide que se deba exigir a los responsables municipales que actúen en consecuencia y arbitren las directrices necesarias para que la celebración del mercadillo no acabe convertida en el extenso vertedero de cada semana.

Y si Cort debería tomar medidas, tampoco sobraría que los vendedores y los compradores del mercadillo adoptasen una actitud más cívica, generando menos residuos o recogiendo ellos mismos los restos para que la basura no quede acumulada en la zona durante días.


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