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En los bares vamos todos a hacerlo bien

miércoles 03 de marzo de 2021, 00:00h

Desde este martes, los establecimientos de restauración de Mallorca que disponen de mesas y sillas en exteriores han podido reabrir a la mitad de su aforo, con grupos de hasta cuatro clientes y hasta las cinco de la tarde. Es un apertura con condiciones severas que llega después del cierre total de bares y restaurantes decretado por el Govern desde el pasado 13 de enero, fecha desde la que sólo han podido funcionar con pedidos para llevar.

El sector juzga la reapertura como una medida aún excesivamente restrictiva, con pocas posibilidades de rentabilizar los negocios. Pero a la vez confía en que el buen desarrollo de las actividades permitidas vaya aconsejando un mayor alivio de las restricciones futuras. El Govern ya ha anunciado que será prudente a la hora de establecer una relajación de las limitaciones, priorizando la situación sanitaria y vigilando que no se produzca una cuarta ola de la pandemia en puertas de la temporada turística.

Este razonamiento es aceptado por todos los afectados, aunque de momento la apertura es mínima -equivalente sólo a un 3 por ciento de la actividad que desarrollan bares y restaurantes cuando no hay limitaciones de horarios ni aforos-. Se trata de salvaguardar el futuro del sector sin necesidad de comprometerlo con decisiones aceleradas que lo pongan en riesgo si hay que volver a cerrar las puertas.

Para ello, además, es imprescindible que los establecimientos velen por el correcto cumplimiento de la normativa de la misma manera que los ciudadanos deberán asumir lo que se puede y lo que no se puede hacer. Los responsables de bares y restaurantes no van a poder controlar, por ejemplo, si un grupo de cuatro personas sentadas en torno a una mesa de la terraza cumplen con la norma de pertenecer a un máximo de dos unidades de convivencia. No es fácil, pero es necesario que los ciudadanos se mentalicen y actúen en consecuencia.

La consigna debe ser: en los bares vamos todos a hacerlo bien. Sólo así, con una responsabilidad cívica asumida y compartida por todos, acabará antes la pesadilla y los negocios podrán volver más pronto que tarde a desarrollar una actividad normal.


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