¿Cómo ha evolucionado la formación médica en los últimos años?
—Muchísimo. Llevo quince años como decano y anteriormente seis como director del grado de Medicina, y quizá el cambio más importante ha sido el desarrollo de la simulación clínica. Hoy en día los alumnos pueden adquirir competencias prácticas antes de enfrentarse a pacientes reales, lo que les da mucha más seguridad. Hace veinte años esto prácticamente no existía. Además, la pandemia impulsó mucho la docencia virtual, permitiendo que ciertos contenidos estén en la nube y que las clases sean más dinámicas y centradas en el razonamiento.
“La simulación clínica hoy es clave en la formación médica”
La tecnología y la inteligencia artificial están marcando el contexto actual. ¿Qué retos plantea en la enseñanza de la medicina?
—La inteligencia artificial ha llegado para quedarse y será de gran ayuda, por ejemplo en la interpretación de imágenes o biopsias. Pero es fundamental saber utilizarla correctamente. Siempre digo que la responsabilidad no se puede delegar: el profesional sanitario sigue siendo el responsable final. Además, tenemos retos éticos importantes, porque la medicina se basa en valores muy antiguos, que vienen desde Hipócrates, y eso no se puede perder.

Usted habla mucho de humanismo médico. ¿Se está perdiendo esa dimensión?
—El principal problema es la falta de tiempo. Los profesionales tienen que atender a muchos pacientes y muchas veces están más pendientes del ordenador que de la persona. Eso afecta a la relación médico-paciente. Vivimos en una sociedad con demasiada prisa, y eso no es bueno. Aun así, confío en que la tecnología también nos ayude a recuperar ese contacto humano.
¿Qué perfil de médico necesita hoy la sociedad?
—Un médico con cinco pilares: conocimiento teórico, habilidades prácticas, actitud positiva, ética profesional y buena comunicación. No solo debe ser eficaz, sino también empático, capaz de ponerse en el lugar del paciente.
“No sólo necesitamos médicos eficaces, sino también empáticos”
Entrando en la llegada del CEU a Mallorca, ¿qué supone este proyecto para las Islas Baleares?
—Es un proyecto muy ilusionante. El CEU lleva más de 50 años formando médicos y ahora queremos aportar esa experiencia en Baleares. Además, existe una necesidad creciente de profesionales sanitarios, por lo que creemos que será una contribución importante para la sociedad.
¿En qué punto se encuentra la puesta en marcha del Centro Universitario Beato Luis Belda?
—En septiembre comenzaremos con cuatro titulaciones: Medicina, Enfermería, Fisioterapia y Psicología. Ya se han realizado pruebas de admisión y el proyecto está en marcha. El centro se ubicará en el edificio de Riscal, en Palma, que se está adaptando para uso universitario.

El proyecto contempla un campus biosanitario completo. ¿Qué infraestructuras destacaría?
—Destacaría especialmente la simulación clínica, que es clave en nuestro modelo, además de laboratorios modernos, aulas digitalizadas y, en el futuro, una clínica odontológica. Todo pensado para una formación práctica y de calidad.
¿Qué papel tendrá la simulación médica?
—Es fundamental. Permite recrear situaciones reales: urgencias, quirófanos, UCI… incluso aprender a comunicar buenas o malas noticias. Eso hace que el alumno llegue mucho más preparado al entorno real.
“La simulación médica permite entrenar incluso cómo dar malas noticias”
Baleares tiene un déficit de profesionales sanitarios. ¿Puede ayudar este centro a paliarlo?
—Sí, aunque es un proyecto a medio y largo plazo. En España se prevé la jubilación de miles de médicos en los próximos años y ya faltan decenas de miles de enfermeras. Formar nuevos profesionales es clave.

Han anunciado prioridad para estudiantes residentes en Baleares. ¿Cómo se aplicará?
—Los estudiantes de las Islas tendrán una ligera ventaja en igualdad de condiciones, para facilitar que puedan estudiar aquí sin tener que desplazarse fuera. Así evitamos la fuga de talento joven.
“Los estudiantes de Baleares tendrán una ligera ventaja en igualdad de condiciones”
¿Existe riesgo de competencia con la UIB o se plantea como un proyecto complementario?
—Es claramente complementario. La educación pública y privada deben convivir. No habrá problemas, cada institución tendrá sus recursos y su organización.
¿Qué importancia tendrán los acuerdos para prácticas clínicas?
—Son esenciales. Tenemos acuerdos con el grupo Juaneda y otros centros sanitarios, además de residencias y atención primaria. La formación práctica es clave en todas las titulaciones sanitarias.

¿Qué papel jugarán la investigación y la innovación en el campus?
—Muy importante. Somos una universidad que no solo transmite conocimiento, sino que también lo genera. Habrá investigación básica y clínica, y todos los alumnos participarán en proyectos científicos.
¿Y la internacionalización?
—El inglés es fundamental, es el idioma de la ciencia. Además, tenemos convenios con universidades europeas para que los alumnos puedan realizar estancias en el extranjero. También se desarrollan programas de voluntariado en países como Kenia, Sierra Leona o Senegal, en ámbitos como la salud mental, la fisioterapia o la salud dental.
“El inglés es imprescindible: es el idioma de la ciencia”
El coste de la universidad privada puede ser una barrera. ¿Habrá becas?
—Sí, contamos con becas de excelencia, ayudas económicas y otras modalidades para facilitar el acceso a los estudiantes.
Para terminar, ¿cómo imagina el CEU en Mallorca dentro de diez años?
—Como un centro consolidado, con profesionales formados aquí que destaquen no solo por su conocimiento, sino también por su humanismo y valores.
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Si tuviera que resumir en una frase qué aporta el CEU a Mallorca…
—El CEU llega a Mallorca con la ilusión de formar profesionales que hagan un mundo mejor.





