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'También en el arte, ahora, es bueno volver a los valores éticos del individuo'
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"También en el arte, ahora, es bueno volver a los valores éticos del individuo"

viernes 24 de julio de 2020, 13:03h
El pintor y escultor Joan Bennàssar (Pollença, 1950) apela en sus últimas exposiciones a una vuelta a los valores éticos, al mismo tiempo que reivindica también el valor eterno de la belleza. La dilatada y reconocida trayectoria artística de Bennàssar ha ido cobrando forma a lo largo de las últimas décadas en enclaves como Barcelona, Londres, París o México, si bien desde los años noventa ha pasado a tener su epicentro sobre todo en su Pollença natal. Hoy está de estreno.
'También en el arte, ahora, es bueno volver a los valores éticos del individuo'
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Este viernes inaugura una nueva exposición...

Así es, sí. Esta nueva exposición, en la Torre de Canyamel, en Capdepera, tiene que ver con otras dos muestras que hice previamente en Pollença, en concreto, en el Calvario y en el Convento de Santo Domingo. La que se inaugura este viernes vendría a ser como la tercera parte de un mismo proyecto conjunto. El título genérico de esas tres exposiciones es 'Razones humanas'.

¿Cuál era el sentido de las dos primeras partes?

La parte del Calvario se denominaba 'Los peldaños de las fatigas y grandezas del corazón'. Trataba del hecho mismo de vivir y de creer que cuanto más arriba eres capaz de subir, cuanto más te expones en la subida, más amplio es el horizonte al llegar a la cima. La segunda parte, la de la iglesia del Convento de Santo Domingo, se denominaba 'El foro de los negocios públicos y las leyes', que vendría a ser el convivir. Cuando hablo de la convivencia me refiero a la creencia de que si bien el hombre fue un animal depredador, también es un poeta. En ese sentido, el mercado ha sido uno de los puntos básicos que el hombre ha tenido para llegar a acuerdos y entendernos, para hacer de la vida del ser humano una vida racional, para pasar de la barbarie a la civilización.

¿Cómo se denomina la tercera parte?

La tercera parte, la que inauguro ahora, se denomina 'La torre del jardín de las musas' y es la parte de los sentimientos, el premio al héroe y lo que uno siente al vivir. Serían los espacios más íntimos de cada uno. En el fondo, es el jardín que todos queremos cultivar conforme nos vamos volviendo mayores. Esta parte trata también de la belleza que muchos de nosotros hallamos en el cuerpo de una mujer. El espectador se encontrará aquí con la dimensión hedonista del vivir, por ejemplo por lo que respecta al placer.

"Cuando uno hace un repaso de su vida, encuentra momentos determinados en que aparece la hermosura"

¿Sólo necesitamos el placer durante la juventud?

Yo diría que cuanto más maduras, más necesitas a las musas y más anhelante eres del placer, a veces quizás por añoranza. Cuando uno hace un repaso de su vida, encuentra momentos determinados en que aparece la hermosura. Para un artista, la hermosura está muchas veces en la obra que es capaz de crear y en el hecho de que a su vez esa obra le sorprenda. En esa ilusión del artista hay una parte infantil, porque es sorpresa, y una parte madura, que es llevar la obra al lugar que le corresponde.

¿Qué papel juegan las musas en nuestras vidas?

El escritor y erudito británico Robert Graves hablaba mucho de las musas. Por mi parte, tengo la convicción de que lo mejor es que las musas te encuentren trabajando, porque son estas ideas que van y vienen, por lo que si no las coges muy deprisa, se te olvidan. Añadiría sólo que el deseo también hace que se te presenten las musas.

¿Hay un nexo común entre las tres exposiciones citadas?

Sí, efectivamente. El nexo común de las tres exposiciones sería que fundamentalmente representan una vuelta a los valores éticos del individuo. Hay, además, algunas figuras que se podrían extrapolar de una exposición a otra. No obstante, en el caso de la exposición en la Torre de Canyamel, casi todas son figuras oferentes y hay más belleza femenina que masculina.

¿En sus obras busca posibles puntos de encuentro con el espectador?

Yo creo que de cada vez más nos tenemos que volver comprensibles. Yo no quiero ser abarcable, pero sí quiero ser comprensible. Creo que los artistas tenemos la obligación de ser así. En ese sentido, las vanguardias últimas son ya academias y creo que el siglo XX es un mundo donde la imagen ganó la partida a muchas otras artes, sea a través de la fotografía, el cine o de las posibilidades reproductivas. Hoy en día, una imagen dice muchas cosas. Además, por velocidad, sorprende más la imagen que la escritura.

"El Mediterráneo es mi origen y me ha dado un sentido de la belleza que muchos otros lugares no tienen"

¿Se siente sobre todo escultor?

Mis estudios son esencialmente de escultura, si bien siempre ha parecido que he hecho más pintura. He vivido en muchas ciudades y la verdad es que es mucho más fácil mover las obras pictóricas que las escultóricas en una ciudad. La escultura es muy física, te dominan los materiales y trabajas en tres dimensiones. Además, es una obra móvil y tienes que saber verla en el lugar en el que se coloca.

¿Dónde encuentra la inspiración?

He tenido la suerte de que he hecho buenas exposiciones escultóricas en Mallorca, como por ejemplo la trilogía del Mediterráneo. Este espacio es mi origen y me ha dado un sentido de la belleza que muchos otros lugares no tienen. Al margen del Mediterráneo, me considero un artista que conoce muy bien la belleza de otros lugares, porque me ha sido fácil viajar y porque con la lectura puedes llegar hoy a cualquier sitio. Añadiría que soy el resultado de lo que han sido los artistas de las vanguardias, que se han alimentado de todas las culturas.

¿Y qué diría en relación a la pintura?

La pintura es una ilusión. Casi es más ilusión que la escultura. La imagen es una ilusión, en el sentido de que el color, la perspectiva, la textura o la técnica de la pintura te llevan a un puesto concreto. La pintura al oleo, por ejemplo, sirvió mucho en un momento determinado para pintar la carne, el cuerpo de la mujer o los retratos humanos, más que cuando las pinturas se hacían al temple. Pienso que lo que nos han dado las dos dimensiones de un cuadro sería que en ellas se puede reflejar todo. Es cierto que la escultura también es ilusión e imaginación, pero tiene tres dimensiones y es una cosa mucho más física, porque la puedes tocar desde cualquier parte.

¿Cuáles han sido o son sus influencias?

Fundamentalmente, me gusta el arte. Tengo y quiero tener muchos padres tanto en pintura como en escultura. A mí, me gusta el arte hecho, históricamente, antes de descubrir la verdad. Así, me gustan los primitivos o la Edad Media, con la torpeza que tienen de que no saben ni mirar la perspectiva. Me gustan Giotto y Fra Angélico. Asimismo, me agradan también Picasso o Matisse, es decir este gran momento pictórico último que ha liberado al pintor de las trabas físicas y mentales de lo que tenía que plasmar. Aun así, también me gusta lo manual de la pintura. Me siento pintor y me siento escultor, porque sé que tengo habilidad con las manos. Miro y reflexiono con las manos e incluso sin tener que reflexionar me salen cosas. Creo en esos momentos mágicos y en el esfuerzo de búsqueda, porque la contradicción me gusta en un cuadro.

En estos tiempos de coronavirus, ¿qué papel puede jugar el arte?

En las tres exposiciones encuadradas bajo el epígrafe 'Razones humanas', me he vuelto a plantear cuáles son los problemas del hombre, que para mí son el cambio climático, la globalización y la inteligencia artificial. De alguna manera, hoy estamos en peligro, en una fase de extinción. En ese sentido, pienso que la ética y los valores propios de los humanos volverán a ser obligados, es decir, las leyes de respeto hacia los demás. Todo esto ya lo había pensado antes del coronavirus. Por otra parte, durante estos meses de confinamiento he tenido menos contactos con la sociedad, porque hemos estado aislados. Además, he tenido más tiempo para poder pensar y trabajar.

"Uno de los peligros que nos ha traído el coronavirus es que nos hemos encerrado mucho y nos ha entrado el miedo"

¿Podemos extraer alguna enseñanza para el futuro?

Durante este tiempo he descubierto una cosa, que no quiero tener miedo, que no quiero pensar con miedo. Creo que uno de los peligros que nos ha traído el coronavirus es que nos hemos encerrado mucho y nos ha entrado el miedo. Sin embargo, como pasó ya antes con otras enfermedades, un día se encontrará una vacuna y el ser humano emprenderá un nuevo viaje. Por tanto, si bien ahora hay que hacer las cosas que te dicen que debes hacer, también es una buena ocasión para enfrentarte a las cosas sin miedo y volver a buscar un futuro. Estas exposiciones las hago ahora sabiendo que no es el mejor momento y que la crisis está aquí. La gente vuelve a necesitar esperanza. En ese contexto, mi apuesta contra el miedo es hacer mi trabajo bien.

¿Sus ojos siempre ven el mundo con la mirada de un pintor?

Diría que desde que me levanto hasta que me acuesto soy un ser humano que se expresa con la pintura. Cuando me preguntan en qué me inspiro, a veces no lo sé del todo, puede ser en las cosas que ayer hice mal en un cuadro. Tengo un lenguaje pictórico y una manera de ver el mundo, que intento no llevar siempre al mismo lugar. Además, no he querido forzar nunca mi personalidad en el sentido de querer diferenciarme de los demás. Quiero tener un estilo libre y caminar por el campo abierto.

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