En un polígono industrial de Palma que jamás protagonizará una postal turística, una pared de pantallas ilumina una sala repleta de ordenadores y profesionales concentrados. Como si de una película de espías se tratara, mallorcadiario.com firma una autorización para acceder a una sala blindada. En cuanto entramos, las pantallas se apagan: no se puede ver lo que los técnicos están haciendo.
La imaginación empieza a volar. Lo primero que viene a la mente es Mr. Robot. Mapas, alertas, líneas de código y secretismo. Y aunque el visitante no entienda de programación ni de defensa digital, resulta lógico: en este mundo no se enseña nada que pueda ser usado en contra.

Se enciende entonces la gran pantalla que preside la sala. Aparecen mapas, listas donde solo se lee la palabra “cliente” y una red de puntos que conecta Palma con medio planeta. No es ciencia ficción, sino el corazón de INTEC, una empresa mallorquina que se ha convertido en uno de los nombres más serios del ecosistema español de ciberseguridad. Una apuesta clara por el talento local, el crecimiento orgánico y ni rastro de fondos de inversión empujando desde la sombra. “Preferimos hacer las cosas bien a crecer a cualquier precio”, asegura su creador.
UN CREADOR QUE NO SE FÍA NI DE SU SOMBRA
Juanjo Fuster nos recibe tras las puertas de un despacho acristalado desde el que se divisa todo el movimiento de la sala. Antes de atendernos, se asegura de que su equipo esté desconectado. En un mundo tan expuesto como el suyo, la prudencia no es paranoia: es protocolo.
"Nuestra misión no es arreglar impresoras que van lentas, es evitar que una brecha pare el negocio"
Fuster, natural de Bunyola, fundó INTEC en 2013, cuando la palabra ciberseguridad aún sonaba a película más que a necesidad empresarial. “Había talento en Mallorca, pero pocas oportunidades. Muchos se iban. Yo amo demasiado mi isla; no podía”, recuerda. Su idea era sencilla y ambiciosa a la vez, proteger empresas y administraciones sin depender de capital externo ni decisiones ajenas, creciendo a base de rendimiento y buen trabajo, “como me enseñó mi padre”.

Hoy, ese proyecto personal opera la mayor red privada de centros de operaciones de seguridad (SOC) de España, con tres sedes activas —Palma, Parc Bit y Madrid— que funcionan como si fueran una sola. Una red interconectada y redundante capaz de resistir cualquier ataque. Su plan inmediato pasa por abrir tres centros más —Barcelona, País Vasco y Málaga— y dar el salto a Estados Unidos para operar bajo el modelo follow-the-sun, que garantiza vigilancia constante en distintos husos horarios.
QUÉ HACE REALMENTE INTEC
Un SOC (Security Operations Center) es algo así como una torre de control digital. Desde allí, los analistas y sistemas automatizados monitorizan redes en tiempo real, detectan anomalías, investigan señales sospechosas y, si hace falta, responden antes de que el daño sea irreversible.
“Nuestra misión no es arreglar impresoras que van lentas”, bromea Fuster. “Nuestro trabajo es evitar que una brecha pare el negocio”, sentencia.

"A los hackers les sale más a cuenta robar 30.000€ a cien pymes que tres millones a una gran empresa"
Eso implica detectar intentos de intrusión, bloquear ataques de denegación de servicio (cuando miles de ordenadores infectados bombardean una web para tumbarla) o responder ante fugas internas de información, cada vez más comunes en sectores como la construcción o la administración pública.
En total, INTEC protege a más de 300 clientes, desde startups tecnológicas hasta multinacionales que facturan más de 30.000 millones de euros. Y lo hace colaborando con el CCN-CNI, el organismo público que coordina la ciberseguridad del Estado, con el que comparten información técnica, protocolos y canales de respuesta. La empresa también fue socia fundadora de la Red Nacional de SOC, una iniciativa pionera para que el sector público y privado compartan inteligencia y reaccionen de forma coordinada ante un ataque.
AMENAZAS REALES, LENGUAJE CLARO
Los analistas de INTEC ven ataques todos los días. “Más de cien diarios”, confirma Fuster. Algunos ejemplos bastan para entender el alcance del problema.
Uno de ellos fue un robo silencioso: un empleado interno no logró vulnerar el sistema de su banco, pero encontró un Excel con las cuentas de los empleados y desvió los sueldos más altos a su cuenta. Otro, el de un sicario digital, contratado por una empresa rival para derribar una web mediante miles de ordenadores infectados que bombardeaban los servidores hasta dejarlos fuera de servicio. Y un tercero, el del topo interno: un trabajador que filtraba presupuestos y ofertas a la competencia, haciendo perder millones en concursos públicos.

Parece ficción, una mezcla entre Blade Runner y La jungla 4.0. Pero no lo es. “Es 2025 y esta es la realidad digital en la que vivimos”, advierte Fuster.
NI HUMO NI MILAGROS
Los ciberataques, recuerda, no son solo cosa de grandes corporaciones. “Los hackers atacan más a las pymes que a las grandes empresas, porque es más fácil robar 30.000 euros a 100 pequeñas que tres millones a una grande”, explica.
La falsa sensación de seguridad también es parte del problema. “Creemos que un antivirus o un cortafuegos nos protege, y eso es falso”, insiste. De ahí su crítica al propio mercado. “Faltan profesionales y sobran vendedores. Hay empresas que venden ‘ciber’ como si fuera una etiqueta que se pega sobre un antivirus y ya. Se cobra servicio senior para ejecutar con manos junior, y el resultado es que muchos empresarios acaban mal protegidos”.
"El coste de un ataque serio equivale a diez años de nuestros servicios"

Fuster reconoce que estas palabras le han creado más de un enemigo dentro del sector, pero no se arrepiente. “Somos ‘pure players’”, subraya, usando el término con el que se conoce a las compañías que se dedican exclusivamente a un área de especialización. En su caso, solo ciberseguridad. Nada de catálogos infinitos ni marketing inflado. Equipos reales en sala, 24 horas al día, y no técnicos de guardia conectados desde casa.
“El coste de un ataque serio equivale a diez años de nuestros servicios”, recalca.
LEYES NUEVAS, RESPONSABILIDADES REALES
La nueva directiva europea NIS2 cambiará el panorama. Obliga a las empresas —y sobre todo a sus directivos— a integrar la ciberseguridad en su gestión diaria, con multas e inhabilitaciones para quienes ignoren los riesgos. “Por fin los consejeros delegados tendrán que saber qué están firmando”, apunta Fuster. “Ya no bastará con un curso ni con decir ‘eso lo lleva informática’”.
INNOVACIÓN DESDE MALLORCA
Además de sus centros operativos, INTEC ha desarrollado un software interno apodado entre ellos, con humor, “Jarvis”, en alusión al asistente digital de Iron Man. Su función es la de analizar millones de señales, cruzar datos, rastrear indicadores en canales clandestinos y entregar al analista solo la información relevante. “No es magia ni marketing de inteligencia artificial. Es ingeniería aplicada para que la máquina haga lo repetitivo y el cerebro humano lo difícil”, explica.

UNA HISTORIA DE RESISTENCIA
En un país donde la palabra “ciberseguridad” cabe en muchos powerpoints pero en pocos centros operativos reales, INTEC ha levantado desde Mallorca una infraestructura crítica de verdad, con pantallas, analistas y protocolos, no eslóganes.
Lo han hecho sin vender la empresa, sin fondos de inversión y sin traicionar su filosofía. Avanzar despacio si hace falta, pero sin perder el control ni la esencia.
Al abandonar la sala, las luces se atenúan de nuevo. Otra alerta salta en el videowall. Otro ataque que se analiza antes de que llegue al telediario. Mallorca no aparece en los mapas tecnológicos de España, pero desde un polígono aparentemente anónimo, alguien vigila.
Y si esta isla siempre supo levantar murallas contra invasores, quizá era solo cuestión de tiempo que el próximo muro fuera digital.






